"No importa lo que pase mañana o el resto de mi vida. Ahora soy feliz porque te quiero" (Bill Murray, Atrapado en el Tiempo)
Hace un año que estabas sentadito en tu maleta con cara de frío. Yo llegaba tarde a recogerte. Llovía un poco. Te llevé en autobús a casa. Teníamos todo Glasgow por delante. Un año. Por un lado, lo veo lejos por todas las cosas que han pasado después. Tantas cosas buenas. Por otro, me parece cercano porque sigo sintiendo las mismas cosquillas en el estómago cuando cojo una avión para ir a verte o te voy a buscar a la estación del Ave. La misma emoción cuando te veo. La misma sonrisa cuando hablo de ti. Nunca un año fue tan corto pero tan lleno; tan grande, tan bonito. Estoy muy contento de seguir adelante con tanta ilusión, a pesar de la distancia. Porque me pesa: cuando me falta tu mirada, tu piel, tu pálpito o el sonido de tu risa. Parezco tonto añorando detalles de poeta adolescente, pero es lo que más echo de menos. Nuestras bromas en directo. Nuestras voces. Nuestros juegos. La intimidad. Solos los dos, nuestros labios y el alma desnuda divagando de madrugada. A veces creo que miramos demasiado atrás: como si Glasgow fuese una estación que se aleja de nosotros inalcanzable al final de un túnel. No olvidemos que todavía estamos aquí. Que nos seguimos teniendo y que Glasgow fue la excusa. Gracias por este año maravilloso. Y gracias a todos los que me animan, me ayudan y me quieren y están ahí para darme consejos y acompañarme. Este post va dedicado a Álex, pero también a todas aquellas parejas que siguen las tonterías que escribo: Carlos y Sara, Noe y Miquel, Carles y Genís, Davinia y Jose, Jony y Marta, Sara y Davide y a todas las demás que quizás no se pasan tanto por aquí. Y a toda la gente que me quiere y a la que yo quiero. Me gustaría compartir con vosotros todo lo que este año ha significado porque todos habéis sido importantes en él también. Con vuestro apoyo y vuestro ejemplo. A todos, gracias. Nos vemos pronto.





