27 de abril de 2008

EL EGO Y LA MENTIRA

"De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes" (Jules Renard)


De un actor se espera que mienta. Que mienta deliberadamente y lo haga para nosotros. Pagamos una entrada para eso. Pero no quedaremos satisfechos si miente de cualquier forma. Queremos que se nos mienta desde la verdad. ¿Acaso es eso posible? Muchos directores y profesores de teatro saben lo que eso significa. No vale cualquier mentira. Tampoco vale una verdad. Se trata de aparentar. Que parezca verdadero, sin llegar a serlo. Nadie se lo va a creer, es una convención. Pero si resulta demasiado falso, saldrán del teatro decepcionados.

Hay mentiras que hacen felices a la gente. Los actores somos felices mintiendo. De una mentira nace una verdad y así mimamos nuestro ego caprichoso. El ego de un actor es muy delicado y necesita de esos cuidados. De ahí que algunos se acostumbren a la apariencia y sigan mintiendo(se) toda la vida. En la mentira se habita con comodidad. Sin embargo, la mentira está cruelmente denostada en la sociedad. La razón es bien sencilla: todos somos mentirosos. Eso me hace pensar en el ego de la gente. La gente normal. La gente real. La gente que no se pone un traje de mentira y con una voz de mentira se sube a un escenario irreal para pronunciar palabras que nadie jamás ha pronunciado más que en un entorno ficticio. La gente que no es mentirosa profesional es gente auténtica. Mienten como cualquiera, pero también se dedican a otras cosas. Así, su infelicidad (infelices somos todos) es más real que la felicidad de cartón del saludo de un actor ante un aplauso. Cuando Bardem dice que los que no son artistas son más mediocres habla desde la envidia. Se defiende desde el complejo de quien se siente diferente, apartado, señalado, raro, falso. Con toda la admiración, los premios y el buen trabajo, nos habla desde un ego dañado.

Yo miento porque me he acostumbrado a mentir. Miento con naturalidad, no es la primera vez que lo reconozco. Y miento en este blog. Eso sí: siempre sobre trivialidades y sólo de vez en cuando. Porque no es nada fácil escribir sobre la verdad y además que resulte interesante. Me equivoco quizás, aunque hasta el Gran Hermano (la vida en directo) está lleno de mentiras y manipulaciones. Y los diarios de la prensa seria de tirada nacional. Será que la vida no les parece que dé la talla. A mí me ocurre a veces. Y no tengo nada en contra de la vida, pues es donde vivo yo (y ustedes) y es la mejor fuente de ideas del mundo pero, debo decirlo, a veces no se presenta acorde a como a uno le gustaría contar las cosas. No se puede hablar de la tristeza en un día de sol, ni de la alegría en una tarde de lluvia. Así modifico ciertos detalles para dar ambiente y luego me siento culpable. Léase este post como una fustigación y como una queja: no puedo controlar la vida a mi gusto y esa impotencia se expresa modificando sus menudencias en lo que escribo. Quizás sea un hipócrita, pero me estoy quitando. Además sobre lo irrelevante, prefiero una mentira molona a una verdad sosa. No sé si la gente real tiene este tipo de problemas. Yo a veces siento que de real tengo muy poco. Pero es que no es fácil ser auténtico y tener al ego contento. A no ser que elijas ser un auténtico fraude... lo cual no contenta a nadie, más que a los egos.

19 de abril de 2008

EXAMS TIME 3


A falta de dos exámenes, ya casi agonizante mi estancia en Glasgow, resumo compendios previamente ya esquematizados sobre las pajas mentales de Hume y Platón de siglos lejanos. Cuando no tengo ganas de estudiar, escribo una y otra vez las mismas ideas hasta que sin darme cuenta las recuerdo y sin saber por qué ni para qué. Para aprobar un examen de filosofía no es necesario saberse todo el temario, basta con la idea general. Ese suele ser el camino fácil. Si el autor es incomprensible, es mejor memorizar esquemas con los que después soltar rollo a lo largo de varias hojas. ¡Pobre selva amazónica! Condenada a la extinción por meras palabras, palabras, palabras... Yo tengo la teoría de que si escribes más de tres páginas en un examen de filosofía, estás aprobado. Yo creo que los profesores leen en diagonal y les interesa bien poco lo que tengas que decirles. ¿Quién se lee con atención cuarenta exposiciones escritas sobre Aristóteles o Kant? A veces me siento tentado a escribir en diagonal, adaptándome a su lectura. Esto es: "Nada. Nada. Nada. Nada. Aristóteles. Nada. Nada. Nada. Nada. Materia. Nada. Nada. Nada. Nada. Forma. Nada. Nada. Nada. Nada. Ser. Nada. Nada. Contingente. Nada. Nada. Hilemorfismo". Estoy saturado...

Algo que no me gusta de la forma que tienen aquí de hacer exámenes es que no te puedes ir hasta que se termine el tiempo establecido: dos horas. Yo normalmente termino en una hora y media porque me canso de escribir tanto rato y me quiero salir. Pero aquí no me dejan. Tengo que esperar allí sentado de brazos cruzados mirando las cristaleras. Por suerte, hacemos los exámenes en el edificio central, en las salas grandes que son tipo capilla de iglesia reconvertida. Así que, mientras espero, contemplo los motivos religiosos de cada ventanal como si de la catedral de Sant Paul se tratara. Me siento más Harry Potter que nunca. Curiosamente, no es raro que aquí se usen las iglesias para fines más allá de los religiosos. Hay un pub aquí cerca que es justamente una antigua iglesia protestante ahora con una decoración cool, luces de colores y asientos acolchados. Pero peor es otra que pasó de ser la casa del Señor a ser The Bathrooms Superstore. Álex dice que es peor el pub porque, al fin y al cabo, es un antro pecaminoso, mientras que la tienda es un negocio honesto. Pero a mí me parece mucho más indigno cambiar a Dios por la venta de retretes que por las pintas de cerveza. Ustedes dirán.

El caso es que, apruebe o no (no sé si examinarme en lugar sagrado ayuda), el miércoles termino y seré libre. Ya sólo me quedará el papeleo, las despedidas y los viajes pendientes por el Reino Unido. Va a ser un lujo. Y después regresar. ¡Qué palabra tan extraña! ¿Regresar es 'gresar' dos veces? ¿Qué demonios significará 'gresar'? Álex siempre me riñe porque no paro de hablar de volver a España, aunque todavía queda más de un mes y medio para eso. Dice que tengo que disfrutar esto que falta. Creo que tiene razón. Y creo que voy a disfrutarlo. Pero es que hay muchas emociones en el aire. Además, teniendo en cuenta que la mayoría de vosotros, según votáis, dice no saber quién soy, no sé qué clase de recibimiento voy a tener. Quizás debería llegar con una etiqueta pegada en el pecho que diga: "My name is Iván", como las que se llevan en los grupos de terapia. Quizás no debería volver. O quizás sí. O quizás... quizás: simplemente. ¿Demasiados interrogantes? Creo que he olvidado todo Hume en este rato. Me voy a repasarlo y ya pensaré luego en lo demás. ¡Ay, si me pagaran por pensar!

12 de abril de 2008

EXAMS TIME 2

La verdad es que, quede entre nosotros, la época de exámenes es más un estado de desidia que de estrés y responsabilidad. Yo no sé como se lo montan los estudiantes que pasan horas y horas en la biblioteca; no sé si realmente están allí todas esas horas estudiando o se pierden por las musarañas como me ocurre a mí. La verdad es que, en mi caso, paso más tiempo aburrido que preocupado. Allí estoy yo, con los apuntes delante, los brazos cruzados pensando en playas, escenarios o personas. Las letras cobran vida y batallan como hormigas entre ellas, usando los acentos como lanzas mortíferas y los puntos como balas de cañón que las "o" disparan. Una "t" es una espada, una "j" es una pistola disparando un perdigón, una "z", unos luchacos... y ya han pasado dos horas.

Un día aprendí que sentirse culpable no aporta gran cosa a la propia existencia, así que me propuse dejar de hacerlo. No es fácil y corres el riesgo de convertirte en un psicópata frío al que nada le importa, lo cual es desalentador y poco humano; pero para trivialidades como salir por la noche en época de exámenes o pasar la tarde en el sofá sin levantar un libro, es útil y te ahorras lloriqueos. Y eso hago. Invierto no más que el tiempo necesario en preparar cada examen y el resto de horas procuro dedicarme a actividades más estimulantes como ver una película o rascarme una nalga.

En época de exámenes, además, pienso mucho, más de la cuenta. Y aunque parezca una contradicción (no lo es), pensar me hace sentir muchas cosas. Así que me pongo más melancólico, más chistoso, más sensible, más tierno o, en definitiva, más emocional. Todo me afecta más (o diferente) y, por ejemplo ahora, tengo mucho más presente mi vuelta a España y la falta de mis compañeros ya regresados a sus países. Y la ausencia de Elisa, la última en marcharse, a la que añoro infinito por su gracia, su ternura y su compañía. Me hacía reír con humildad, soñar con fuerza y disfrutar con soltura. Espero volver a verla pronto.

Ahora tengo que ponerme a estudiar un poco (sólo un poco, de verdad). Os dejo una encuesta a la derecha de la pantalla para que os posicionéis sobre mi regreso. Sin duda, no es más que el fruto de esta etapa de mi erasmus en la que cualquier actividad tonta es preferible que ponerse a estudiar; incluso inventar encuestas tan chistosamente melancólicas (¡Viva yo!) como ésta.

6 de abril de 2008

EXAMS TIME


Ahora tendría que estar estudiando. Estoy de exámenes. En época de éxamenes todo se vuelve indisfrutable bajo la terrible premisa de que lo que debes hacer es estudiar y el resto son actividades secundarias, irrelevantes pérdidas de tiempo. Ahí está la mala conciencia de ir al baño, de tomarse un café, de dormir, comer... Salir a la calle sólo es moralmente válido para ir a la biblioteca. Cualquier quehacer cotidiano pierde su entidad y esencia habitual para convertirse en un descanso del estudio.
Dentro de diez minutos me tomo un descanso. ¿Quieres que hagamos el amor?
Prohibido salir de fiesta. Prohibido ir al cine. Nada de diversión bajo pena de sufrir incómodas pesadillas propias del remordimiento.
El miércoles tengo mi primer examen: Hegel. Dicen que es el último gran filósofo. Dicen que es el pensador más importante de nuestra época. Dicen que no se entiende el mundo actual sin Hegel. Dicen y dicen. En la facultad (en Glasgow y en Barcelona) no paran de elogiarle y, entre tanto elogio, no explican nada de lo que dijo. Y yo miro a los profesores como las vacas miran pasar el tren esperando las claves que necesito y que nunca llegan. Entro a internet y más elogios. Y luego todo es confusión. Igual que en los manuales. Entre una montaña de apuntes sobre lo absoluto rematadamente incomprensibles, empiezo a pensar que en realidad nadie ha entendido nada de lo que Hegel dijo y, como el cuento del traje nuevo del rey, nadie se atreve a reconocer su desnudez por miedo a quedar como necios. Pues yo, oigan, no lo entiendo, aunque fingiré que sí en mi examen adornando con muchos, muchos elogios. Así se aprueba una carrera de filosofía. Me pasó lo mismo con Heidegger y saqué un excelente. Un día probaré suerte y me pondré a inventar teorías oscuras indescifrables a ver si me consideran un genio revolucionario e imprescindible y me elogian en las universidades. Aunque para eso necesitaría una buena campaña publicitaria como ser un nazi, por ejemplo. Mientras tanto, a estudiar; que es lo que toca.

30 de marzo de 2008

FAREWELL

"Estos labios que saben a despedida, a vinagre en las heridas, a pañuelo de estación" (Joaquín Sabina, Nos sobran los motivos)


Pasada la mitad del curso, algunos estudiantes extranjeros empiezan a volver a sus países de origen y tiñen el cielo de Glasgow de nostalgia hasta el punto de que incluso los escasos días soleados se nos presentan tristes. Nunca se me dieron bien las despedidas. Si lloro, me siento como una niña cursi preocupada porque llega el fin de curso. Si no lloro, me siento culpable; sobretodo si lloran todos menos yo. Generalmente, no vivo las despedidas como tales. Ni me entero de que la gente se va. Digo lo que hay que decir, entiendo que se van. Abrazo, beso, limpio lágrimas ajenas y hago reír para que sea una sonrisa lo último que vea de ellos. Y se van y yo me quedo allí contemplando la silueta de esa última mueca en el aire como un destello, una nube de humo que se desvanece como un dibujo animado cuando corre. Me quedo solo y con los bolsillos llenos de recuerdos y momentos vividos que no volverán. Es entonces cuando empiezo a vivir la ausencia y me emociono... pero ya es demasiado tarde. En ese momento, ya parece que no viene a cuento sentir nada y te ves como un absurdo perrito faldero sin piernas contra las que frotarte. A nadie le gusta sentir las cosas cuando ya han pasado de largo; así miro hacia delante con el corazón bien duro y la triste sensación de haberme perdido la vivencia de otro momento bonito.

Sara y Alessia volvieron a Italia tras una gran fiesta de despedida en el piso de Marco. Una celebración por todo lo alto, incluyendo el policía escocés borracho y con bigote interrumpiendo por exceso de ruido. Suele pasar. Una fiesta no es una verdadera fiesta si no la para la policía. Una vez, acabamos una fiesta sin incidentes, de manera que pusimos la música a su máximo volumen para que vinieran los gendarmes y pudiéramos irnos a casa tranquilos. La última fiesta de Sara y Alessia en Glasgow sin duda será también muy recordada, aunque yo fuera incapaz de vivirla como un final. Es difícil concebir una cosa como última: un momento, una fiesta, una cena o lo que sea. Estás ahí y te parece tan poco concluyente como cualquier otro rato. Y es probable que sea cosa mía pero, ¿no os parece que nada acaba, que todo fluye? Yo vivo cada punto como el primero de una serie de puntos suspensivos; y así todo. Dejo abierta toda puerta tras de mí y ando hacia adelante pretendiendo que todo me sigue de cerca; que nada ni nadie se pierde en el camino. No termino una comida, sino que empiezo un postre. No acabo un polvo, comienzo un beso. No cierro una historia, abro un cuento. No sé por qué me cuesta tanto, pero así es. Niego los finales. Y presumo de duro y de vivir el presente, cuando la mayor parte del tiempo paso de puntillas por cada experiencia. Tengo miedo de terminar todo algo porque siempre siento que todavía no he empezado a disfrutarlo intensamente.

Sara y Alessia se fueron. También se fueron otros. Y otros que están por irse pronto. Sara me dijo que no estaba preparada para marcharse. Me lo sigue diciendo desde Italia. Me cuenta que no se adapta, que todo es raro. Y todo es raro aquí también. Las nuevas ausencias me hacen sentir que esto se acaba, aunque todavía falten dos meses. Y me pregunto si estoy preparado para irme y no tengo respuesta. No me asusta, pero pienso mucho en la vuelta últimamente. A ratos me siento muy feliz y a ratos melancólico. Pienso en lo que está por acabar; en lo que está empezando... y de nuevo, niego que nada acabe y disfruto los nuevos comienzos. Imagino la vida como un avanzar infinito y así me consuelo. El Erasmus es esencialmente temporal y eso lo hace bonito, especial, único y genuinamente auténtico. Pero, ¿no es acaso también temporal la vida?

24 de marzo de 2008

INTRODUCING ALEX

"Y si sólo tengo amor, ¿qué es lo que valgo yo? Si tengo ganas de bailar, ¿para qué voy a esperar?" (Como un burro amarrado a la puerta del baile, El Último de la Fila)

Álex me pregunta si alguna vez volveremos a Glasgow. Es algo que nunca me había planteado hasta ahora. Una simple pregunta y, de repente, echamos de menos todo, aunque falten todavía meses para irnos. Y nuestro piso huele a melancolía y el jardín de la entrada; la parada del autobús, el museo iluminado por la noche, el zorrito que cruza la calle de madrugada; y el Morrison's y la cafetería de la universidad; el piso de Sara, las clases de inglés de Elisa, los asfixiantes abrazos de Alessia; y el borracho que grita en el autobús y el vecino cojo de Sierra Leone; y la almohada de rayas, el papel de váter sobre la chimenea; y yo buscando mis gafas, y Álex con su mantita a todas partes. Pero todavía no nos hemos ido y Álex sigue ahí sentado mirándome con sus enormes ojos marrones y yo sigo frente al ordenador y no hay nada que echar de menos todavía. Le digo: "No. No volveremos". Álex se ríe en vez de ponerse triste. Porque con Álex todo es fácil y cada pregunta tiene un final feliz, y lo serio se habla siempre con una sonrisa y todo es muy cercano y honesto. Álex es un interrogante amable, el cerco de café sobre la mesa; es la inocencia del idealista, un rayo de sol entre las nubes de Escocia; es piel, compañía, respeto; es una aventura, un beso, el tesoro de vivir soñando, el regalo de soñar despierto. Así es Álex, a mí ya me conocéis.

MULA

A veces la vida es una noria. Das vueltas y vueltas en tu cestita. La gente sube y baja. Se sientan a tu lado, se sientan en frente. Viajan contigo o en las cestitas de al lado. Y todo el mundo dando vueltas; ahora deprisa, ahora despacio. Ahora la noria se para. Giras hacia arriba y hacia abajo. Quizás te mareas, quizás sientes vértigo, quizás te aburres, quizás la disfrutas. Hay quien le da por vomitar, mientras otros escupen al vacío cuando se encuentran en lo más alto. Una noria puede ser la tranquilidad de contemplar el paisaje sentado cómodamente, con mejor o peor perspectiva, verlo todo alrededor. Puede ser desidia como la del hámster corriendo en una rueda que no lleva a ningún lado. Una rueda dentro de una jaula. Manchester tenía una noria enorme en la que Álex y yo decidimos no subir.

A veces la vida es un barquito. Una casita flotante que puede dejarse llevar por la corriente o navegar mar adentro. Puede flotar bajo la tormenta o perder el rumbo o simplemente quedarse anclado en un puerto bonito. O cambiar de puerto a cada rato. Mirad este barquito atracado en el puerto de Liverpool. ¿Verdad que es bonito?

MULA

Álex duerme mientras escribo esto. Siempre escribo mientras él duerme. Es una manera agradable de esperarle. Yo tecleo y él reposa con una bufanda atada a los ojos porque, a falta de persianas, entra demasiada luz al cuarto por las mañanas. Yo jugando al escritor con gafas, él soñando que es el protagonista de una soap opera. Álex es actor pero, si pudiera elegir, sería personaje. Supongo que como todo el mundo. Sin embargo, no hay secundarios a su lado. Vive como si el mundo fuera una serie coral y todos fuéramos tan favoritos como cualquiera. Álex da un nuevo significado al habitual narcisismo de todo artista, desde la generosidad y la nobleza. Le admiro mucho. Y él a mí. Y no hace falta que nos lo digamos todo el tiempo. Siento que juntos aprendemos más deprisa y mejor; que hasta equivocarse resulta cómodo y grato. Álex me hace feliz, así que tratadlo bien, como hacéis conmigo. Espero que le hagáis un buen recibimiento. El que se merece. Esto es un regalo para él, así como él es un regalo para mí. Eso es. Así es. Álex. To be continued...

17 de marzo de 2008

LIVERPOOL & MANCHESTER

"Obladi, oblada, life goes on bra... lala... how the lifes goes on" (Obladi, Oblada, The Beatles)

Podría escribirles un soneto a cada una y acabaría antes, pero ahora el versificador no está lo bastante inspirado, así que en realidad no acabaría antes. Hoy empiezo el post mintiendo. Una manera de acabar antes que no es mentira sería: "Pubs, música y fútbol". Las dos ciudades son famosas por los grupos que han parido a lo largo de la historia (muchos más que dos) y por sus equipos de fútbol que tantas alegrías dan a la liga inglesa. Lo que ocurre es que eso lo sabe todo el mundo y uno no tiene un blog para decir cosas que ya todo el mundo sabe. Uno quiere innovar, ser original y diferente. Quiere ser único, irrepetible y especial. Quiere hablar diciendo aquello que sólo uno mismo dice y nadie más. Pero en un mundo donde todo ya está dicho e inventado, eso no es nada fácil. Así que uno se conforma con ser divertido y escribir bonito que es lo más cercano que se me ocurre a ser auténtico. En este caso, la autenticidad está lejos de la naturalidad.

Otra manera honesta de acabar antes sería: "He estado en Liverpool y Manchester, ¿a que molo?". Crudamente sincera, pero también tonta, impertinente y chulita. Y uno no quiere molestar a nadie ni quedar como un bobo exhibicionista... aunque lo sea. Escribir es un modo de desnudarse y, por lo tanto, un escritor publicando un blog en internet no está tan lejos de esos adolescentes que cada día cuelgan en su fotolog fotos hechas con el móvil en el baño de su casa en calzoncillos. Sacando morritos, entornando los ojos con cierta seriedad, marcando abdominal; con el rollo de papel de váter junto al espejo. Imaginad en vez de morritos, una metáfora; en vez de abdominales, el tronco narrativo de un párrafo. Cambiad el papel de baño por un café y romped el espejo: ese soy yo. De la misma manera que esos chicos se desnudan, yo lo hago, pero ninguno de nosotros comete un acto de valentía, sino todo lo contrario. Desnudarse en este caso no tiene nada que ver como mostrarse como uno es, sino con esconderse tras el propio cuerpo desnudo.

Estoy ya en el último párrafo y todavía no he dicho nada sobre las dos ciudades del título. Empiezo a sentir este post como un fracaso. No sé si sabéis que un exhibicionista es un individuo detenido en una etapa inmadura debido a sentimientos de inferioridad. Eso dicen los psicoanalistas sesudos. El caso es que el acto de exhibirse, como el de tener un blog, es una muestra de timidez extrema. Aquí estoy: abriendo mi gabardina sin nada debajo, meneando la colita al lector como cualquier guarro descarado que pervierte las esquinas de los barrios marginales. La intención del pervertido es negar su inferioridad trasladando la vergüenza, el pudor, el asco y el rechazo al pobre transeúnte que tenga la desventura que cruzarse en su camino; la intención es escandalizarlo, ponerle colorado y hacerle huir entre gritos con el rubor entre las piernas. El exhibicionista, como el escritor y cualquier otro pervertido, lo único que busca es reconocimiento. Sin embargo, se cae siempre en la contradicción de no querer recibir a cambio lo que uno pide. Si se respondiera favorablemente a los supuestos favores sexuales (o de cualquier otro tipo) que el pervertido ofrece, éste, humillado, no dudaría en salir corriendo. Yo mismo he salido corriendo algunas veces tras recibir algún que otro comentario en este blog (y eso es un piropo, pues demuestra la inteligencia de vosotros, mis leyentes y mi evidente inferioridad).

He dicho que el párrafo anterior era el último y es ya la segunda mentira de este post. Si releyera con esmero, seguro que encontraría más. Definitivamente, esta entrada ha sido un fiasco. Al menos ha sido mi fiasco; mío y de nadie más. Eso me hace sentir menos perdedor. Espero que me perdonen Paul McCartney y Cristiano Ronaldo; y Fernando Torres y Liam Gallagher y todos los demás. Quizás la proxima vez tendría que tener más en cuenta a los triunfadores y tratar de aprender algo de ellos. Quizás debería empezar mi próximo post diciendo: "Obladi, oblada, la vida en sostén va... lala... así la vida va". Quizás la próxima vez. God save the queen!

7 de marzo de 2008

ESA SONRISA

"When you're smiling, the whole world smiles with you" (When you're smiling, Shay, Fisher & Goodwin)

La lluvia en el alma y el humor como paraguas. Sentado en el salón de casa frente a los cristales empapados en una mañana oscura. Todos mis 'yo' y la nada. Tomando un té, versificando la existencia desde la tristeza. Sueño en los ojos, frío en los pies. Álex todavía duerme. La mente clara, el gusto espeso. Y una sonrisa.

Ese momento de hacer girar la cuchara en la taza formando un remolino de azúcar donde ves dar vueltas las palabras de tu cabeza. Ni un huracán, ni un tornado podrían borrar hoy la sonrisa de mi cara. Esa sonrisa del cosquilleo en la boca del estómago. La de las patas de gallo del regocijo. La de los ojos chinitos del ahora. La que te ilumina el día y la mirada, y trae de la mano una sorpresa. Esa sonrisa contagiosa, impúdica y hermosa. Esa sonrisa que te responde a cien preguntas sin dar explicación ninguna. Esa sonrisa irracional que es tan tuya y tan suya y tan de todos. La sonrisa de las nubes, de mis dedos y mi teclado. La que duerme desnuda. Esa sonrisa idiota... tan idiota... me da la vida.

Hoy no me da la gana estar triste. Hoy que hay motivo para subrayar esas arrugas de expresión de la alegría; esos abanicos del desparpajo. Siempre hay motivo, pero hoy lo veo. Hoy que pierde el PP y gana Zapatero y el Chikichiki, y tengo a quien mirar a los ojos cuando me alegro. Hoy que la vida parece haberla escrito un optimista. Hoy que lo cursi no empalaga, que no me quiero ir, que no me hacen falta palabras. Hoy mi sonrisa es un espejo que devuelve algo que vale la pena haber estado esperando. Cuando esperar lo inesperado deja de ser una contradicción y se convierte en el brillo de dos enormes pupilas marrones con reflejos verdes, esa sonrisa... ésa y no otra... es el mejor regalo del mundo.

Mi abuela bajó a votar con sus 96 años, su sonrisa prestada y mi encargo de nieto consentido. Votó por mí, pues prefiero las personas antes que la burocracia por correo. Ella, al parecer, también. No había votado desde Adolfo Suárez. Y así mi abuela hizo historia: su historia, la mía y la del mundo. Pues no es sólo historia lo que sale en los libros de texto. La historia es un duende invisible que se construye desde uno mismo luchando contra la desunión. A veces siento que vivo como quien juega a inventar anécdotas que contar a sus nietos. Afortunadamente, cada vez más cerca de mí mismo. Cada vez más cerca de los demás. Y así mientras sonrío imaginando a mi abuela votar, Álex me sonríe también en consonancia, sentado a mi lado y en pijama. Y sonreímos juntos a la gente que pasa por la calle. Y mi abuela sonríe al vecino sentado tras la urna, mientras éste sonríe a mis padres y a los que vienen detrás haciendo cola.

Hoy no hay un motivo para sonreír, ni una victoria, sino muchos. Muchas. Hoy sonreír es dejar de estar solo. El mundo está contento por una vez de ser un rincón plagado de tontos que son sabios sin saberlo, de gente enamorada, de billetes de avión, de vidas cruzadas, de cuadernos lila y zapatillas y cuchillas de afeitar y lavadoras, cremitas y granos en la frente. Todo esto no es por las elecciones, aunque también. Todo esto es porque esa sonrisa que tanto se me ha reclamado desde fuera, desde lejos, desde cerca y desde dentro, tantas veces hoy adorna mi mirada. Esa sonrisa que tanto se merece el mundo y la gente que me quiere. Esa sonrisa es hoy un regalo, para vosotros, para el mundo, para mí y para Álex.

28 de febrero de 2008

WHERE IS MY MIND?

"With your feet in the air and your head on the ground" (Pixies)


Vivir fuera de tu país, lejos de tu familia y amigos genera una esquizofrenia inevitable. Tu cuerpo tiene claro donde está, pero tu corazón y tu mente vuelan sin rumbo buscando lo que quieren decir ahora el "aquí" y el "allí", y qué demonios significa la expresión "mi casa". Dos idiomas (por lo menos), dos lugares, personas a tu alrededor réplicas de las personas que normalmente te rodean con labios parecidos y miradas y manos. Los mismos miedos, los mismos enfados, las mismas risas, los mismos secretos y mentiras; las mismas verdades. Otra vez lo mismo, pero con diferentes actores, en otro idioma, en el mismo lenguaje: como en un remake. Y se te parte el alma en dos pedazos (por lo menos) y tu mundo es de pronto dos mundos y no sabes si finalmente eres dos o eres uno. De repente, yo que solía ser "nadie" me encuentro siendo "demasiados". Y lo peor es no saber cuál es el verdadero (o si lo son todos) cuando el "dónde" ya no es un lugar sino un estado de ánimo. Es fácil decir desde Glasgow que mi mente está en Barcelona cuando paso por un "bajón". Barcelona deja entonces de ser una ciudad para ser esa nube en la que puedes ver cualquier forma según te convenga. Cuando vivía allí, no tenía esa opción. Pero tenía otras excusas.

Lo de que tu mente vuele no tiene que ver con fumar porros, sino con no querer estar presente. Querer estar "allí" a veces no significa realmente querer estar "allí", sino no querer estar "aquí". Y, la verdad, es que este "aquí" no tiene nada de malo, excepto que estoy yo y quizás hoy no me apetezca estar conmigo. La soledad es considerar que uno mismo no es suficiente compañía. Y aunque las personas son necesarias, no sirven de nada si todos tus "yo" no tienen una conversación interesante.

Últimamente, no paro de estar "allí": siguiendo el debate entre Zapatero y Rajoy, por ejemplo. He prometido no volver a España si gana el PP. Es mentira. Es una de esas cosas que se dicen en voz alta en la barra de una taberna. Volvería con tristeza, pero volvería. Porque no pienso quedarme aquí una vez se hayan ido todos mis amigos, ni creo que sean mejores opciones Francia con Sarkozy montando un circo con la Bruni cogiéndole del brazo, ni Italia que lleva semanas sumida en la anarquía política lo que conlleva (me temo) el retorno de Berlusconi.

También he estado "allí" con Bardem y su Oscar y la emoción y los nervios. Y he saltado de alegría como un niño, un cómico, un fan idiota, un español, un hermano pequeño. Y cogí un trocito de ese Oscar que, como dijo, es de todos, y me lo guardé en el bolsillo como si lo hiciera desde mi habitación en Barcelona, con mis posters de cine y mis dvds.

Pero lo que definitivamente me ha transportado a "allí" estos días ha sido esa boda entrañable entre los maravillosos Carlos y Sara (también conocidos como Mistu y Bolita de Coco) a la que, finalmente, no he podido asistir. Se vistieron todos de rojo y negro y actuaron y rieron y bebieron, cantaron y bailaron. Y yo no fui, pero de alguna forma estuve con ellos. Porque mi mente no ha estado aquí estos días y no se me ocurre lugar mejor para pasar el fin de semana. Si yo fuera mi mente y me escapara, no hubiera dudado en irme con ellos a compartir esa fiesta inolvidable. Esa fiesta del amor que pocos celebran de manera tan sincera y original. Cada rato que pienso en vosotros (y eso os incluye a todos) es como un fuerte abrazo mandado por correo. Mi mente, que incluye mi alma, mi corazón y mis sueños (todo excepto mis pies) pasa mucho tiempo a vuestro lado. Espero que vuestras mentes estén también pasando buenos ratos conmigo de vez en cuando. Nos vemos pronto en Barcelona o tomando té en la verdosa Escocia o dónde nos dé la gana. Léase ese "dónde", ya sabéis, como un estado de ánimo.

21 de febrero de 2008

THE LOCH NESS

Lo bueno de ser socio de la International Society es que no tienes que planear nada: ellos lo organizan todo por ti y tú simplemente vas. Anteriormente, ya nos habían llevado a Edimburgh y Stirling, a la Pollock House, la Burrell Collection y otros lares. El lago Ness tenía que caer en un momento u otro. Así que tú pagas por un trocito de papel con un número y un sello, y ellos te montan en un autocar, te llevan al sitio y te lo explican. Cuando la "explicadora" es una vikinga (no diré gorda por no ofender) sosa y que habla bajo y deprisa, es mejor que nadie te explique nada. Imaginaos un viaje de varias horas en el que a cada rato esa oronda rubia de cara rosa te taladra el oído con fideos en la boca (como diría Felipe González) y nada que decir. No motivaba, no. Ya sé que le pagan por hablar pero... sé de más de uno de los que se daban cabezazos contra el asiento de delante que hubiera pagado por callarla.

MULA

Como el lago Ness está lejos de Glasgow, se aprovechó el trayecto para conocer las Highlands. Sin duda, los paisajes de esta tierra es lo que hace que valga la pena visitarla. Las montañas, los castillos, los ríos, las puestas de sol (cuando hay sol), los acantilados y todo lo demás. Nos detuvimos en muchos de los lugares donde acontecieron las grandes batallas contra los ingleses. Olían a historia. Monumentos a los muertos, banderas todavía ondeantes... Cuando te detienes en un lugar en el que habitan tantos fantasmas ancestrales sientes algo en el pecho: se pueden respirar los siglos. Explicado por la rolliza escocesa sonaba tan aburrido y tan a colegio que daban ganas de quitarle todos los oscars a Mel Gibson e irse a casa. Por la noche, más fantasmas. Dormimos en un castillo encantado reconvertido en albergue. Música tradicional escocesa y ambiente de museo. A los chicos nos tocó dormir en la habitación con más leyenda. Había sido la antigua enfermería del castillo, de manera que habían muerto muchas personas y niños en ella. Se decía que muchos huéspedes habían visto pasearse una mujer vestida de blanco (¿Por qué los fantasmas siempre visten de blanco?), que se escuchaban llantos de niños y frases estremecedoras. Durante gran parte de la noche, recibimos visitas de los demás huespedes preguntando si era esa la habitación de los fantasmas. Para algunos fue una manera fácil de ligar. Más tarde, la sugestión nos volvió locos y varios de nosotros escuchamos voces. (No estabamos solos, es normal, ¿no?). Yo mismo escuché unos susurros extraños en el lavabo que me cortaron el pis. Fue divertido.

A la mañana siguiente, por fin, el Lago Ness. Sin contar a la botija narradora, no vimos ningún monstruo. Decepcionó un poco. El lago es enorme y bonito, sí, pero bueno, lo que lo hace famoso es el monstruo. No es que esperara encontrarme a Nessy haciéndose fotos con la gente pero, igual que con un poquito de ambiente uno acaba oyendo voces del ultramundo, pensé que al menos veríamos una sombra en el agua. Pero nada. Ni una mancha en las fotos a lo lejos, ni un reflejo. Estaría durmiendo por las profundidades, ya que un domingo por la mañana no es momento para visitar a nadie. De ahí, disculpo a Nessy, que es hembra, por cierto, como la tanqueta celta que nos siguió narrando también el viaje de vuelta. ¡Y cantó! Y es que, a veces, los monstruos no se buscan en el fondo de un lago, sino un poquito más cerca. A veces, una guía turística puede ser más tortuosa que cualquier lamento fantasmal. A veces, la realidad supera la leyenda, aunque, eso sí, con mucha menos gracia.