7 de marzo de 2008

ESA SONRISA

"When you're smiling, the whole world smiles with you" (When you're smiling, Shay, Fisher & Goodwin)

La lluvia en el alma y el humor como paraguas. Sentado en el salón de casa frente a los cristales empapados en una mañana oscura. Todos mis 'yo' y la nada. Tomando un té, versificando la existencia desde la tristeza. Sueño en los ojos, frío en los pies. Álex todavía duerme. La mente clara, el gusto espeso. Y una sonrisa.

Ese momento de hacer girar la cuchara en la taza formando un remolino de azúcar donde ves dar vueltas las palabras de tu cabeza. Ni un huracán, ni un tornado podrían borrar hoy la sonrisa de mi cara. Esa sonrisa del cosquilleo en la boca del estómago. La de las patas de gallo del regocijo. La de los ojos chinitos del ahora. La que te ilumina el día y la mirada, y trae de la mano una sorpresa. Esa sonrisa contagiosa, impúdica y hermosa. Esa sonrisa que te responde a cien preguntas sin dar explicación ninguna. Esa sonrisa irracional que es tan tuya y tan suya y tan de todos. La sonrisa de las nubes, de mis dedos y mi teclado. La que duerme desnuda. Esa sonrisa idiota... tan idiota... me da la vida.

Hoy no me da la gana estar triste. Hoy que hay motivo para subrayar esas arrugas de expresión de la alegría; esos abanicos del desparpajo. Siempre hay motivo, pero hoy lo veo. Hoy que pierde el PP y gana Zapatero y el Chikichiki, y tengo a quien mirar a los ojos cuando me alegro. Hoy que la vida parece haberla escrito un optimista. Hoy que lo cursi no empalaga, que no me quiero ir, que no me hacen falta palabras. Hoy mi sonrisa es un espejo que devuelve algo que vale la pena haber estado esperando. Cuando esperar lo inesperado deja de ser una contradicción y se convierte en el brillo de dos enormes pupilas marrones con reflejos verdes, esa sonrisa... ésa y no otra... es el mejor regalo del mundo.

Mi abuela bajó a votar con sus 96 años, su sonrisa prestada y mi encargo de nieto consentido. Votó por mí, pues prefiero las personas antes que la burocracia por correo. Ella, al parecer, también. No había votado desde Adolfo Suárez. Y así mi abuela hizo historia: su historia, la mía y la del mundo. Pues no es sólo historia lo que sale en los libros de texto. La historia es un duende invisible que se construye desde uno mismo luchando contra la desunión. A veces siento que vivo como quien juega a inventar anécdotas que contar a sus nietos. Afortunadamente, cada vez más cerca de mí mismo. Cada vez más cerca de los demás. Y así mientras sonrío imaginando a mi abuela votar, Álex me sonríe también en consonancia, sentado a mi lado y en pijama. Y sonreímos juntos a la gente que pasa por la calle. Y mi abuela sonríe al vecino sentado tras la urna, mientras éste sonríe a mis padres y a los que vienen detrás haciendo cola.

Hoy no hay un motivo para sonreír, ni una victoria, sino muchos. Muchas. Hoy sonreír es dejar de estar solo. El mundo está contento por una vez de ser un rincón plagado de tontos que son sabios sin saberlo, de gente enamorada, de billetes de avión, de vidas cruzadas, de cuadernos lila y zapatillas y cuchillas de afeitar y lavadoras, cremitas y granos en la frente. Todo esto no es por las elecciones, aunque también. Todo esto es porque esa sonrisa que tanto se me ha reclamado desde fuera, desde lejos, desde cerca y desde dentro, tantas veces hoy adorna mi mirada. Esa sonrisa que tanto se merece el mundo y la gente que me quiere. Esa sonrisa es hoy un regalo, para vosotros, para el mundo, para mí y para Álex.

28 de febrero de 2008

WHERE IS MY MIND?

"With your feet in the air and your head on the ground" (Pixies)


Vivir fuera de tu país, lejos de tu familia y amigos genera una esquizofrenia inevitable. Tu cuerpo tiene claro donde está, pero tu corazón y tu mente vuelan sin rumbo buscando lo que quieren decir ahora el "aquí" y el "allí", y qué demonios significa la expresión "mi casa". Dos idiomas (por lo menos), dos lugares, personas a tu alrededor réplicas de las personas que normalmente te rodean con labios parecidos y miradas y manos. Los mismos miedos, los mismos enfados, las mismas risas, los mismos secretos y mentiras; las mismas verdades. Otra vez lo mismo, pero con diferentes actores, en otro idioma, en el mismo lenguaje: como en un remake. Y se te parte el alma en dos pedazos (por lo menos) y tu mundo es de pronto dos mundos y no sabes si finalmente eres dos o eres uno. De repente, yo que solía ser "nadie" me encuentro siendo "demasiados". Y lo peor es no saber cuál es el verdadero (o si lo son todos) cuando el "dónde" ya no es un lugar sino un estado de ánimo. Es fácil decir desde Glasgow que mi mente está en Barcelona cuando paso por un "bajón". Barcelona deja entonces de ser una ciudad para ser esa nube en la que puedes ver cualquier forma según te convenga. Cuando vivía allí, no tenía esa opción. Pero tenía otras excusas.

Lo de que tu mente vuele no tiene que ver con fumar porros, sino con no querer estar presente. Querer estar "allí" a veces no significa realmente querer estar "allí", sino no querer estar "aquí". Y, la verdad, es que este "aquí" no tiene nada de malo, excepto que estoy yo y quizás hoy no me apetezca estar conmigo. La soledad es considerar que uno mismo no es suficiente compañía. Y aunque las personas son necesarias, no sirven de nada si todos tus "yo" no tienen una conversación interesante.

Últimamente, no paro de estar "allí": siguiendo el debate entre Zapatero y Rajoy, por ejemplo. He prometido no volver a España si gana el PP. Es mentira. Es una de esas cosas que se dicen en voz alta en la barra de una taberna. Volvería con tristeza, pero volvería. Porque no pienso quedarme aquí una vez se hayan ido todos mis amigos, ni creo que sean mejores opciones Francia con Sarkozy montando un circo con la Bruni cogiéndole del brazo, ni Italia que lleva semanas sumida en la anarquía política lo que conlleva (me temo) el retorno de Berlusconi.

También he estado "allí" con Bardem y su Oscar y la emoción y los nervios. Y he saltado de alegría como un niño, un cómico, un fan idiota, un español, un hermano pequeño. Y cogí un trocito de ese Oscar que, como dijo, es de todos, y me lo guardé en el bolsillo como si lo hiciera desde mi habitación en Barcelona, con mis posters de cine y mis dvds.

Pero lo que definitivamente me ha transportado a "allí" estos días ha sido esa boda entrañable entre los maravillosos Carlos y Sara (también conocidos como Mistu y Bolita de Coco) a la que, finalmente, no he podido asistir. Se vistieron todos de rojo y negro y actuaron y rieron y bebieron, cantaron y bailaron. Y yo no fui, pero de alguna forma estuve con ellos. Porque mi mente no ha estado aquí estos días y no se me ocurre lugar mejor para pasar el fin de semana. Si yo fuera mi mente y me escapara, no hubiera dudado en irme con ellos a compartir esa fiesta inolvidable. Esa fiesta del amor que pocos celebran de manera tan sincera y original. Cada rato que pienso en vosotros (y eso os incluye a todos) es como un fuerte abrazo mandado por correo. Mi mente, que incluye mi alma, mi corazón y mis sueños (todo excepto mis pies) pasa mucho tiempo a vuestro lado. Espero que vuestras mentes estén también pasando buenos ratos conmigo de vez en cuando. Nos vemos pronto en Barcelona o tomando té en la verdosa Escocia o dónde nos dé la gana. Léase ese "dónde", ya sabéis, como un estado de ánimo.

21 de febrero de 2008

THE LOCH NESS

Lo bueno de ser socio de la International Society es que no tienes que planear nada: ellos lo organizan todo por ti y tú simplemente vas. Anteriormente, ya nos habían llevado a Edimburgh y Stirling, a la Pollock House, la Burrell Collection y otros lares. El lago Ness tenía que caer en un momento u otro. Así que tú pagas por un trocito de papel con un número y un sello, y ellos te montan en un autocar, te llevan al sitio y te lo explican. Cuando la "explicadora" es una vikinga (no diré gorda por no ofender) sosa y que habla bajo y deprisa, es mejor que nadie te explique nada. Imaginaos un viaje de varias horas en el que a cada rato esa oronda rubia de cara rosa te taladra el oído con fideos en la boca (como diría Felipe González) y nada que decir. No motivaba, no. Ya sé que le pagan por hablar pero... sé de más de uno de los que se daban cabezazos contra el asiento de delante que hubiera pagado por callarla.

MULA

Como el lago Ness está lejos de Glasgow, se aprovechó el trayecto para conocer las Highlands. Sin duda, los paisajes de esta tierra es lo que hace que valga la pena visitarla. Las montañas, los castillos, los ríos, las puestas de sol (cuando hay sol), los acantilados y todo lo demás. Nos detuvimos en muchos de los lugares donde acontecieron las grandes batallas contra los ingleses. Olían a historia. Monumentos a los muertos, banderas todavía ondeantes... Cuando te detienes en un lugar en el que habitan tantos fantasmas ancestrales sientes algo en el pecho: se pueden respirar los siglos. Explicado por la rolliza escocesa sonaba tan aburrido y tan a colegio que daban ganas de quitarle todos los oscars a Mel Gibson e irse a casa. Por la noche, más fantasmas. Dormimos en un castillo encantado reconvertido en albergue. Música tradicional escocesa y ambiente de museo. A los chicos nos tocó dormir en la habitación con más leyenda. Había sido la antigua enfermería del castillo, de manera que habían muerto muchas personas y niños en ella. Se decía que muchos huéspedes habían visto pasearse una mujer vestida de blanco (¿Por qué los fantasmas siempre visten de blanco?), que se escuchaban llantos de niños y frases estremecedoras. Durante gran parte de la noche, recibimos visitas de los demás huespedes preguntando si era esa la habitación de los fantasmas. Para algunos fue una manera fácil de ligar. Más tarde, la sugestión nos volvió locos y varios de nosotros escuchamos voces. (No estabamos solos, es normal, ¿no?). Yo mismo escuché unos susurros extraños en el lavabo que me cortaron el pis. Fue divertido.

A la mañana siguiente, por fin, el Lago Ness. Sin contar a la botija narradora, no vimos ningún monstruo. Decepcionó un poco. El lago es enorme y bonito, sí, pero bueno, lo que lo hace famoso es el monstruo. No es que esperara encontrarme a Nessy haciéndose fotos con la gente pero, igual que con un poquito de ambiente uno acaba oyendo voces del ultramundo, pensé que al menos veríamos una sombra en el agua. Pero nada. Ni una mancha en las fotos a lo lejos, ni un reflejo. Estaría durmiendo por las profundidades, ya que un domingo por la mañana no es momento para visitar a nadie. De ahí, disculpo a Nessy, que es hembra, por cierto, como la tanqueta celta que nos siguió narrando también el viaje de vuelta. ¡Y cantó! Y es que, a veces, los monstruos no se buscan en el fondo de un lago, sino un poquito más cerca. A veces, una guía turística puede ser más tortuosa que cualquier lamento fantasmal. A veces, la realidad supera la leyenda, aunque, eso sí, con mucha menos gracia.

13 de febrero de 2008

DESDE LA TRISTEZA

Álex me pregunta: "¿Cuándo vas a dejar de escribir desde la tristeza?". Me gustan las preguntas. Me gustan más que las respuestas. Las preguntas abren, las respuestas cierran, y yo quiero abrir, siempre abrir. No hay una respuesta contundente, firme, que resuelva; pero sí hay preguntas maravillosas que te llevan por caminos mágicos, que te abren los ojos y te dejan ver con claridad unos segundos. Álex me pregunta con la ingenuidad de un niño; con la sabiduría de un maestro budista. Álex es un regalo. Mi regalo.

—¿Crees que lo que escribo es triste?
—No, pero está escrito desde la tristeza.
—¿Y por qué será?
—Está en tu naturaleza.
—¿Y por qué?
—Deja de hacerte preguntas, filosofillo —me sonríe.

MULA

Hoy vuelve a estar nublado, pero las últimas dos semanas ha estado haciendo sol cada día. Ha sido tan raro que los habitantes de Glasgow iban por las calles con cara de susto, como si se acercara el fin del mundo o algo peor. Los pelirrojos no salían de casa. Y yo y Sara, Elisa, Ifa y los demás íbamos por las calles gritando: "Sunny! Sunny!" como idiotas. Ya sabéis que no hay persona más feliz que el idiota. Pues la idiotez de ver salir el sol ha sido lo más bonito de los últimos meses. No sabéis lo bella que es Escocia cuando sale el sol. Esos parques tan verdes, un cielo tan azul. Es un paraíso. Sin embargo, para que así sea, de la forma más natural, necesita de su mal tiempo, de su lluvia constante y sus nubes grises. Esa lluvia alimenta este entorno: los árboles, los campos, los prados extensos y llenos de vida que sin el mal tiempo no existirían. Y de repente un día, sale el sol y los pajaritos cantan; las ardillas corren entre tus pies durante tu diario camino a la universidad; sale el arcoiris y todo es brillo y armonía. Es hermoso. Glasgow se abre como una flor; una mariposa renaciendo desde la tristeza.

Aprovechando el buen tiempo, el sábado salimos de excursión. Saint Andrews es la antigua capital de Escocia y la actual capital mundial del golf. Tiene varios de los campos más importantes del planeta, dicen. No les hace falta regarlos, así que sale barato y ecológico. También tiene un castillo y una catedral en ruinas junto a un cementerio como los de las películas. Lejos de dar miedo, es una maravilla de lugar para pasear. Dan ganas de morirse para quedarse allí enterradito toda la eternidad. Luego, visitamos la calle principal, muy turística, muy mona. Adoro las casitas pequeñas. Y vimos la playa donde se rodó la escena de los atletas corriendo de "Chariots of Fire". Y el parque botánico. A la vuelta, estaba agotado y dormí como un bebé. Feliz. Haciéndome preguntas en sueños. Contento de estar aquí, de todo lo que estoy viviendo. Orgulloso de mí mismo y de mi naturaleza. Dormí con una sonrisa; abierta como un rayo de sol. Como un interrogante. Como Escocia después de la tormenta. Como un homenaje a la vida... desde la tristeza.

7 de febrero de 2008

VEINTIPICO

Cumplir años y hacer una fiestita. Como cuando éramos pequeños: con amigos, música, regalos y pastelito. Yo nunca he tenido afición a celebrar mi cumpleaños. Desde los doce años, más o menos, no había hecho una fiesta en casa. Supongo que es normal. Aunque tampoco he disfrutado de celebrarlo en general; eso es más cosa mía. Vas a cenar y te obsequian un libro o una película durante los postres. Te besan. Te firman una postal. Vas a una discoteca y pagas las copas a tus amigos. No quieres que sea un día demasiado especial. No quieres que sea un día cualquiera. Hay años que te gustaría saltártelo como si no existiera ese día en el calendario. Pero no podemos escapar de nuestro cumpleaños. No mola cumplir años (trato de creer que sí, pero me cuesta sentirlo sinceramente); lo que sí mola es estar vivo y no es posible una cosa sin la otra.

Cuando cumplí veinte, tuve una crisis. No quería dejar de ser adolescente. Creo que por eso sigo siendo universitario. Por eso soy erasmus: es como seguir jugando a líos de faldas y braguetas en los pasillos del instituto. A mí me gustan las comedias de enredo; las de puertas, armarios y relojes. Ser adolescente es jugar al escondite con tus amantes, los de los demás... Es jugar al ratón y al gato con tus instintos. El amor va de la mano de la eyaculación precoz. Es fugaz y bonito. Tienes (casi) todas las ventajas de ser adulto y (casi) ninguna de sus responsabilidades. No queremos que eso se acabe porque no entendemos que dejar de ser teenager es ganar y no perder. Los adultos seguimos jugando, pero con amargura y nostalgia. Jugamos tratando de ser lo que una vez fuimos en lugar de jugar como lo que ahora somos; con lo bonito que sería eso.

Al cumplir veinticinco, tuve otra crisis. Caía en sábado, era una cifra significativa y celebrarlo parecía una obligación. No sabía dónde esconderme. Al final, dejé colgados a dos grupos y medio de amigos y me escapé a Figueres (si por mí fuera, me hubiera ido a la Luna). Desconecté el móvil; estuve gruñendo en silencio toda la noche. Finalmente, me sentí peor. No estaba de humor para un cambio. A veces me siento muy platónico y pienso que en el cambio reside todo el mal del mundo. Sé que los cambios son siempre buenos, pero mi corazón y mi cabeza tampoco se ponen de acuerdo en esto. Un año cualquiera, por ejemplo éste, no me afecta especialmente (aunque vea los treinta acercarse amenazantes). Sin embargo, pasar etapas me incomoda. Me cuesta horrores cerrar las puertas detrás de mí. Sigo queriendo ser adolescente y que toda mi estupidez sea justificable. Tener un buen motivo para tomar decisiones equivocadas. No comprometerme con nada. Tener tiempo por delante para ordenar todos los planes soñados.

Cumplir años y hacer una fiestita. Ya ni me acordaba de lo que era eso. Estar tan lejos de casa lo vuelve todo tan distinto... Vino, tiramisú, poesías escritas para mí, una libreta y un montón de amigos. Como cuando era pequeño, pero siendo mayor. Creo que, poco a poco, voy aprendiendo.

28 de enero de 2008

POESÍA ERES TÚ

"No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía" (Gustavo Adolfo Bécquer)


¡Basta ya de poemas! Los versos (mis versos) están acaparando este blog en las últimas semanas y ya estoy con mono de prosa. Y sí, muy bonito todo, pero ya está bien (de momento) de tanta métrica regular y tanta sinalefa. Que se vayan a la porra, por un tiempo, la consonancia de la rima y los hiatos y los diptongos y los triptongos. Dicen que escribir poesía es liberador y te limpia el alma pero, tal como yo lo planteo, resulta agotador. Es como tratar de meter una nube en un tarro de cristal. Uno pequeño, con una tapa de metal; de esos que venden en el supermercado llenos de garbanzos. Imaginaos tratando de cerrarlo manteniendo la nube dentro y que no se escape nada y que no pierda su forma, ni su color, ni su esencia. Si no te vuelves loco, al final consigues cerrarlo de alguna manera y lo colocas encima de la mesa del comedor; o se lo regalas a alguien.

—Toma: una nube.
—¿Y para qué quiero una nube en un bote de cristal si cuando quiera puedo verlas flotando libres en el cielo?

Y no le faltará razón. La verdadera poesía está en las cosas, no en las palabras. Reducimos la belleza de la vida a unas pocas sílabas. El lenguaje, aunque no lo parezca, es muy pobre comparado con todo lo demás. Explicadme qué es el amor, qué es la tristeza; decidme cómo es un orgasmo, cómo es ver morirse a un hijo; contadme qué es parir, qué es felicidad y qué no lo es; quién somos en realidad por dentro. No cabe nada de eso en cien libros de filosofía.

El lenguaje es escaso pero es la mejor manera que tenemos de expresarnos. Y si, por un lado, banaliza la existencia, por otro te da la opción desde los poemas de elevar el sentido de tu propio idioma. Por eso escribo poesía. Lo que pasa es que me hace sufrir. Y se me clava como un puñal tónico cada sílaba que no me cabe en un verso; y no duermo si lo dejo mal medido. Por eso no soy un poeta. A pesar de lo que digan muchos, si el arte te hace sufrir es que hay algo que no estás haciendo bien. Intuyo lo que es, pero hoy me lo callo. ¡Viva la prosa!

Paradójicamente, lo que no quiero para mí mismo lo quiero para el mundo. Ha ocurrido recientemente un hecho curioso y, según yo valoro, muy positivo. Joaquín Sabina, que hace tiempo que juega a ser una especie de Quevedo posmoderno para alegría de sus fans (entre los que me incluyo), publicó en Interviú un poema apoyando a Zapatero, pidiendo el voto útil en favor del PSOE y dejando de lado al pobre Gaspar Llamazares de su antiguamente defendida Izquierda Unida. Hasta aquí todo normal, muy sabinero (o sabinista). El caso es que Llamazares se ha enfadado mucho por ese gesto, ya que no le sobran los votos al pobre, y ha contestado a Sabina escribiéndole otro poema también en Interviú, adoptando así por momentos el papel de Góngora. ¡Qué maravilla! ¿No os parece?

Estoy convencido de que el mundo sería un lugar mejor si los políticos se escribieran poemas unos a otros en vez de discutirlo todo. Me imagino que en vez de un debate televisado entre Zapatero y Rajoy, publicara el presidente un soneto en El País como crítica al líder del PP y éste contestara con unas coplas de pie quebrado en El Mundo. ¿Os imagináis a Bush escribiendo pareados a Sadam Hussein en vez de bombardear Iraq? La poesía, aunque me haga sufrir, es un gran tesoro porque vuelve bello todo lo que toca. El peor de los poemas está lleno de belleza. Así como nosotros somos bellos en la medida en que existimos. Son bellos cada uno de nuestros momentos: en Glasgow, en Barcelona... ¡Es tan difícil hablar de ellos! Son poesía, son bellos. Así como nosotros. Es una pena que muchas veces nos olvidemos de eso.

21 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 3: La Yaya

No puede leer esto que escribo. Hace años que perdió gran parte de la visión y dejó de comprarse el Pronto. Mi hermana le susurró al oído su regalo. Me dijo que lloraron mucho. Tiene 95 años y es la persona más sabia y fuerte que conozco. Me ha enseñado mucho. Duerme donde yo dormía antes y pasa el tiempo recordando. Y yo con ella. Me entiende, me conoce. Me quiere tal y como soy. Me acepta y se acepta aceptándome. Lleva años diciendo que el año que viene su muere. ¡Ojalá no se muera nunca! No puede leer esto que escribo... pero no importa, porque me lee el corazón.



Abuelita del alma querida
de ojos azul ciego cristalinos,
yaya de las piedras del camino
viudo y resbaloso de mi vida.

Me esperabas al salir de la escuela,
con tu sonrisa de octogenaria,
un bocadillo de mortadela
y un puñado de afecciones varias.

Me limpiabas el culo con dulzura,
me cuidabas, ponías la mesa,
cuando perdías la dentadura
no había Parque de la Marquesa.

Mi abuelita, mi copla, mi nana,
mi fandango cojo, mi ventana,
mi caramelo de miel,
mi caracolillo impar, mi hoyuelo
de Kirk Douglas, mis toscos buñuelos,
mi carrusel.

A la muza, muza, en su colina,
charla el loco con Paco Rabal,
le canta errante Antonio Molina
al pánico vidrioso de un zagal.

Puesto que te añoro sin lamento,
pero no te olvido ni un segundo,
sé feliz por mí por el momento,
hasta que me canse de ver mundo.

Mi anciana, mi cama, mi regazo,
mi murciana cañí, mi cepazo,
mi maraca de Machín,
mi aguja enhebrada, mis lentejas,
mi abanico, mi cuento de Calleja,
mi calcetín.

Mi abuelita del alma querida,
mi moraleja, mi vida.

16 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 2: El Tete y la Tata

Si miras atrás, no sabes qué hubieras hecho sin ellos. Y no es que haya sido fácil, pues dolía cuando te tiraban de los pelos y tú les arrojabas un coche de juguete a la cabeza; jodía cuando ocupaban el baño, cuando usaban tus cosas; llorabas cuando perdías, cuando te dejaban de lado, cuando te decían aquello que sabían que tanto te ofendía. Era triste competir, difícil compartir, extraño odiarlos. Crecer sin intimidad no era fácil. Pero con ellos, ¡era todo tan divertido! Miras atrás y no los cambiarías por nada. Los que tenéis hermanos sabéis a lo que me refiero.


TETE

Como si hubiera de verdad una meta,
corre que se las pela en Serrahima,
tan cenutrio, tan afro, tan atleta,
el hermano del que rima.
Como volando en bambas con tachuelas,
con un dorsal que reza Simón dice:
me robó el corazón Pepe Viyuela,
Vomitón y yo felices,
Ed Wood, su abrigo de angora,
Michael Knight y Mitch Buchanan,
la distensión del ahora,
el Athletic de blaugrana.
Como si andar no fuera suficiente,
corre dejando atrás toda tristeza,
toda la retaguardia del valiente,
los calzones, la cabeza.
Como el radiocaset de Mikimoto,
como La Polla Records en tu recto,
un zurullo de coña medio roto,
los silencios del afecto.
“¿Y ahora qué, Bartolomé?”,
pregunta Joaquín Tardido
la tarde que me encontré
Víctor de Fonseca herido.
Como el Equipo A es incansable,
como Els joves, la tele del verano,
como Perturbado, ¡qué entrañable!
Mi cómplice del humor:
mi hermano.

TATA

Lulú con blanco mechón al viento,
cola de caballo del momento
que nos regala
los gritos a diario, la prisa
por la mañana, el beso y la risa
de gugumala.
Cuentos de Tintín entre las tetas;
viendo el Filiprim, comer croquetas
en el sofá;
Oh! Bongònia, Plàstic, Melrose Place,
el pecho duro de Patrick Swayze
sin deslustrar.
En pijama haciendo el vago
el Caqui y Biliboliago.
Jugando a chapas, al Un, Dos, Tres,
hacer el pino y verme al revés
con el vecino.
Musa de joaquines y manolos,
tan tiernos y cercanos, tan cholos,
tan anodinos.
Compartiendo las maletas
y merendando galletas.
Recuerdo Sensación de vivir,
cuando éramos tan ñajos y Scritch
era mi par.
Pumuky el colosal, Heidi y Marco,
al mediodía euforia en nuestro cuarto
y al acostar.
Mi regalo de cada mañana
fue despertar con mi hermana.

8 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 1: Papá y Mamá

Cometer la osadía de no volver a casa por Navidad bajo el pretexto de buscar un trabajo que no he encontrado me produjo, finalmente, un mal de conciencia denso y muy molesto. Con la idea de paliar ese llanto interno, se me ocurrió hacer a mi familia un buen regalo. A falta de dinero y medios, opté por escribir un poema dedicado a cada uno de ellos, mandarlo por correo y que lo abrieran junto a los demás regalos el Día de Reyes. Aunque hay quien opina que regalar un poema bordea el límite entre lo que es digno de admiración y lo que es objeto de burla, traté de ponerle todo mi amor y respeto. Estén bien o mal, no soy un poeta. Eso lo sé. Pero tampoco es Dalí el niño que pinta un retrato con plastidecores el Día de la Madre. Y yo, como ya dije, no he dejado de ser un niño, aunque ahora también sea otras cosas. Modestamente, aquí van dos de los poemas. Próximamente, publicaré el resto.


PAPÁ

Papá, anoche soñé mientras lloraba
las huellas de la senda de un pirata,
las broncas de la mama con la tata;
papá, anoche lloré pero no estabas.

Soñé que un elefante en un guateque
bailaba un rock’n’roll a tu manera
y el inspector Clouseau extendía un cheque
a nombre de un actor y una pantera.

Soñé que nuestra vida es un doblaje
grabado en súper-ocho por un triste;
es los Beatles tocando en un garaje
la música de fondo de tus chistes.

Papá, anoche soñé mientras lloraba
que ya no disimula tanto el Mula,
que te pagaba el doble el Patachula;
papá, anoche lloré pero no estabas.

Lloré por no valer como poeta,
porque no es el Athletic campeón,
porque no sé montar en bicicleta,
ni iba en R-5 el temible burlón.

Lloré, he de confesar, no me arrepiento,
la muerte del pequeño de la casa
entre la soledad de un aeropuerto
y el tedio de los años que se pasan.

Papá, anoche soñé mientras lloraba
que no me duelen tanto las verdades,
que nunca has trabajado en Navidades;
papá, anoche lloré pero no estabas.


MAMÁ

Mi mamá me rima en consonante brillo
con el bocata a la hora del recreo,
con la soledad de un mocho en el pasillo,

con los chicles y la bolsa del mareo,
con el glamour de un sostén en cabestrillo,
con un He-Man, un Playmobil y un tebeo.

Encarna de noche, 
esclava del Señor,
no hay reproche 
en las contiendas
con su marido en el coche
que consiga que se entiendan.

Mi mamá me rima besos en la frente
con la sombra de una reina en zapatillas,
con la huelga del cariño de la gente,

con mi cabeza recostada en sus rodillas,
con los cromos de Son Goku, con el Tente,
con su marca de carmín en mis mejillas.

Encarna de todos, 
esclava del Señor,
por los codos 
sufre en vida
de tan malos buenos modos
cada humilde despedida.

Mi mamá, mi primavera, mi guardiana,
mi canción de cuna en pantalón de pana,
mi Colacao con aroma a su mañana.

Encarna me mima, 
esclava del Señor,
me cocina
desde lejos,
un potaje de autoestima,
jarabe para el espejo.

1 de enero de 2008

2008, STEP IN TIME

A la Nunu, a Judith y Cristina. A Elisa y Alessia. A Eva y Pilar. A mi hermana Patri. A la Vane. A la Noe. A María. A Edward. A Álex. Y a todas las demás... y a todos. Y a mi padre.

Faltaban cinco minutos para las doce y yo no tenía deseo. No es nada fácil pedir un deseo. Deseamos demasiadas cosas a la vez como para quedarnos con una. Y yo no quería ser superficial pidiendo éxito, dinero y reconocimiento. Ni quería caer en la ingenuidad de desear la paz en el mundo, pues antes vendría la paz en mi mundo (egoísta yo) que en el mundo entero, que es mucho mundo. Tampoco me convencía lo abstracto, que es como no desear nada, ni lo concreto, pues sabe a poco. Siempre me ha costado tomar decisiones, pero es mucho peor cuando se trata de un deseo. Hay que tener cuidado con lo que deseamos pues, como dijo el sabio, podría hacerse realidad.

WALT DISNEY

En Escocia no se comen uvas por fin de año. En realidad, en ninguna parte, excepto en España y todavía no sé por qué. Spain is different. Si alguien sabe el motivo, que me lo explique, porque llevo dos semanas poniendo cara de idiota cuando me lo preguntan los guiris de por aquí. En Escocia, en vez de empezar el año atragantándote, se empieza con un beso y un deseo. Cuentas atrás a gritos con la multitud y, cuando dan las doce, nada de campanadas: un piquito con alguien para tener suerte en el amor, pides un deseo y entonces: fuegos artificiales.

Ya tenía a quien besar y Edimburgh estaba lista para entrar en 2008. Estaba preciosa. Llena de luces y carruseles de colores. Había dejado de llover y hasta se podía ver alguna estrella. Y yo sin deseo. Pero entonces, mi mente voló como una cometa por entre mis recuerdos. Hacía dos días que había vuelto a ver 'Mary Poppins' en dvd, en casa de Alessia, celebrando la Navidad o algo parecido. Me acordé de las canciones y de Julie Andrews y Bert y los niños. Y el padre de los niños. Y la madre. Me invadieron de nuevo esas ganas de llorar que me invaden siempre que la veo. Como llorar por dentro con una sonrisa. Reír y llorar, que es en verdad lo mismo. Me inundé de esa alegría y cogí a Elisa de la mano y a Sara. Y conté hacia atrás con la gente y pedí que este año sea supercarlifragilisticoexpialidoso.

Deseé que este año sople el viento del Este (por donde sale el sol) y que el paraguas me hable y me lleve volando a todas partes. Deseé pasar la tarde bailando con pingüinos o saltando de chimenea en chimenea sin caer jamás al vacío. Porque con un poco de azúcar pasa mejor la píldora de la soledad y el miedo. Pedí entrar en los cuadros pintados bajo nuestros pies y que los caballitos en los que montamos dejen de dar vueltas y cabalguen libres. Que tomemos el té flotando en el techo. Que quién se muera, se muera de risa. Que voten las feministas. Que nuestros padres dejen de trabajar tanto y canten con nosotros. Cerré los ojos con fuerza y susurré que no le quiten a nadie sus dos peniques; que siga siempre allí sentada la mujer de las palomas y nos sonría; que el corazón no deje de hacernos Bim-Bom-Bam. Deseé honestamente, lo juro, que un huracán se lleve por los aires a todas las niñeras gruñonas de la puerta de nuestras casas y que, para cuando cambie el viento, estemos entretenidos volando una cometa o lo que nos dé la gana. Lo deseé, os lo deseo, al compás de vuestros propios ideales.

Feliz 2008. Espero que aprendamos un montón de cosas juntos este año. Es un placer compartir todo esto con vosotros, los que me leéis y estáis conmigo. Un beso y gracias.