13 de febrero de 2008

DESDE LA TRISTEZA

Álex me pregunta: "¿Cuándo vas a dejar de escribir desde la tristeza?". Me gustan las preguntas. Me gustan más que las respuestas. Las preguntas abren, las respuestas cierran, y yo quiero abrir, siempre abrir. No hay una respuesta contundente, firme, que resuelva; pero sí hay preguntas maravillosas que te llevan por caminos mágicos, que te abren los ojos y te dejan ver con claridad unos segundos. Álex me pregunta con la ingenuidad de un niño; con la sabiduría de un maestro budista. Álex es un regalo. Mi regalo.

¿Crees que lo que escribo es triste?
No, pero está escrito desde la tristeza.
¿Y por qué será?
Está en tu naturaleza.
¿Y por qué?
Deja de hacerte preguntas, filosofillo me sonríe.

MULA

Hoy vuelve a estar nublado, pero las últimas dos semanas ha estado haciendo sol cada día. Ha sido tan raro que los habitantes de Glasgow iban por las calles con cara de susto, como si se acercara el fin del mundo o algo peor. Los pelirrojos no salían de casa. Y yo y Sara, Elisa, Ifa y los demás íbamos por las calles gritando: "Sunny! Sunny!" como idiotas. Ya sabéis que no hay persona más feliz que el idiota. Pues la idiotez de ver salir el sol ha sido lo más bonito de los últimos meses. No sabéis lo bella que es Escocia cuando sale el sol. Esos parques tan verdes, un cielo tan azul. Es un paraíso. Sin embargo, para que así sea, de la forma más natural, necesita de su mal tiempo, de su lluvia constante y sus nubes grises. Esa lluvia alimenta este entorno: los árboles, los campos, los prados extensos y llenos de vida que sin el mal tiempo no existirían. Y de repente un día, sale el sol y los pajaritos cantan; las ardillas corren entre tus pies durante tu diario camino a la universidad; sale el arcoiris y todo es brillo y armonía. Es hermoso. Glasgow se abre como una flor; una mariposa renaciendo desde la tristeza.

Aprovechando el buen tiempo, el sábado salimos de excursión. Saint Andrews es la antigua capital de Escocia y la actual capital mundial del golf. Tiene varios de los campos más importantes del planeta, dicen. No les hace falta regarlos, así que sale barato y ecológico. También tiene un castillo y una catedral en ruinas junto a un cementerio como los de las películas. Lejos de dar miedo, es una maravilla de lugar para pasear. Dan ganas de morirse para quedarse allí enterradito toda la eternidad. Luego, visitamos la calle principal, muy turística, muy mona. Adoro las casitas pequeñas. Y vimos la playa donde se rodó la escena de los atletas corriendo de "Chariots of Fire". Y el parque botánico. A la vuelta, estaba agotado y dormí como un bebé. Feliz. Haciéndome preguntas en sueños. Contento de estar aquí, de todo lo que estoy viviendo. Orgulloso de mí mismo y de mi naturaleza. Dormí con una sonrisa; abierta como un rayo de sol. Como un interrogante. Como Escocia después de la tormenta. Como un homenaje a la vida... desde la tristeza.

7 de febrero de 2008

VEINTIPICO

Cumplir años y hacer una fiestita. Como cuando éramos pequeños: con amigos, música, regalos y pastelito. Yo nunca he tenido afición a celebrar mi cumpleaños. Desde los doce años, más o menos, no había hecho una fiesta en casa. Supongo que es normal. Aunque tampoco he disfrutado de celebrarlo en general; eso es más cosa mía. Vas a cenar y te obsequian un libro o una película durante los postres. Te besan. Te firman una postal. Vas a una discoteca y pagas las copas a tus amigos. No quieres que sea un día demasiado especial. No quieres que sea un día cualquiera. Hay años que te gustaría saltártelo como si no existiera ese día en el calendario. Pero no podemos escapar de nuestro cumpleaños. No mola cumplir años (trato de creer que sí, pero me cuesta sentirlo sinceramente); lo que sí mola es estar vivo y no es posible una cosa sin la otra.

Cuando cumplí veinte, tuve una crisis. No quería dejar de ser adolescente. Creo que por eso sigo siendo universitario. Por eso soy erasmus: es como seguir jugando a líos de faldas y braguetas en los pasillos del instituto. A mí me gustan las comedias de enredo; las de puertas, armarios y relojes. Ser adolescente es jugar al escondite con tus amantes, los de los demás... Es jugar al ratón y al gato con tus instintos. El amor va de la mano de la eyaculación precoz. Es fugaz y bonito. Tienes (casi) todas las ventajas de ser adulto y (casi) ninguna de sus responsabilidades. No queremos que eso se acabe porque no entendemos que dejar de ser teenager es ganar y no perder. Los adultos seguimos jugando, pero con amargura y nostalgia. Jugamos tratando de ser lo que una vez fuimos en lugar de jugar como lo que ahora somos; con lo bonito que sería eso.

Al cumplir veinticinco, tuve otra crisis. Caía en sábado, era una cifra significativa y celebrarlo parecía una obligación. No sabía dónde esconderme. Al final, dejé colgados a dos grupos y medio de amigos y me escapé a Figueres (si por mí fuera, me hubiera ido a la Luna). Desconecté el móvil; estuve gruñendo en silencio toda la noche. Finalmente, me sentí peor. No estaba de humor para un cambio. A veces me siento muy platónico y pienso que en el cambio reside todo el mal del mundo. Sé que los cambios son siempre buenos, pero mi corazón y mi cabeza tampoco se ponen de acuerdo en esto. Un año cualquiera, por ejemplo éste, no me afecta especialmente (aunque vea los treinta acercarse amenazantes). Sin embargo, pasar etapas me incomoda. Me cuesta horrores cerrar las puertas detrás de mí. Sigo queriendo ser adolescente y que toda mi estupidez sea justificable. Tener un buen motivo para tomar decisiones equivocadas. No comprometerme con nada. Tener tiempo por delante para ordenar todos los planes soñados.

Cumplir años y hacer una fiestita. Ya ni me acordaba de lo que era eso. Estar tan lejos de casa lo vuelve todo tan distinto... Vino, tiramisú, poesías escritas para mí, una libreta y un montón de amigos. Como cuando era pequeño, pero siendo mayor. Creo que, poco a poco, voy aprendiendo.

28 de enero de 2008

POESÍA ERES TÚ

"No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía" (Gustavo Adolfo Bécquer)


¡Basta ya de poemas! Los versos (mis versos) están acaparando este blog en las últimas semanas y ya estoy con mono de prosa. Y sí, muy bonito todo, pero ya está bien (de momento) de tanta métrica regular y tanta sinalefa. Que se vayan a la porra, por un tiempo, la consonancia de la rima y los hiatos y los diptongos y los triptongos. Dicen que escribir poesía es liberador y te limpia el alma pero, tal como yo lo planteo, resulta agotador. Es como tratar de meter una nube en un tarro de cristal. Uno pequeño, con una tapa de metal; de esos que venden en el supermercado llenos de garbanzos. Imaginaos tratando de cerrarlo manteniendo la nube dentro y que no se escape nada y que no pierda su forma, ni su color, ni su esencia. Si no te vuelves loco, al final consigues cerrarlo de alguna manera y lo colocas encima de la mesa del comedor; o se lo regalas a alguien.

Toma: una nube.
¿Y para qué quiero una nube en un bote de cristal si cuando quiera puedo verlas flotando libres en el cielo?

Y no le faltará razón. La verdadera poesía está en las cosas, no en las palabras. Reducimos la belleza de la vida a unas pocas sílabas. El lenguaje, aunque no lo parezca, es muy pobre comparado con todo lo demás. Explicadme qué es el amor, qué es la tristeza; decidme cómo es un orgasmo, cómo es ver morirse a un hijo; contadme qué es parir, qué es felicidad y qué no lo es; quién somos en realidad por dentro. No cabe nada de eso en cien libros de filosofía.

El lenguaje es escaso pero es la mejor manera que tenemos de expresarnos. Y si, por un lado, banaliza la existencia, por otro te da la opción desde los poemas de elevar el sentido de tu propio idioma. Por eso escribo poesía. Lo que pasa es que me hace sufrir. Y se me clava como un puñal tónico cada sílaba que no me cabe en un verso; y no duermo si lo dejo mal medido. Por eso no soy un poeta. A pesar de lo que digan muchos, si el arte te hace sufrir es que hay algo que no estás haciendo bien. Intuyo lo que es, pero hoy me lo callo. ¡Viva la prosa!

Paradójicamente, lo que no quiero para mí mismo lo quiero para el mundo. Ha ocurrido recientemente un hecho curioso y, según yo valoro, muy positivo. Joaquín Sabina, que hace tiempo que juega a ser una especie de Quevedo posmoderno para alegría de sus fans (entre los que me incluyo), publicó en Interviú un poema apoyando a Zapatero, pidiendo el voto útil en favor del PSOE y dejando de lado al pobre Gaspar Llamazares de su antiguamente defendida Izquierda Unida. Hasta aquí todo normal, muy sabinero (o sabinista). El caso es que Llamazares se ha enfadado mucho por ese gesto, ya que no le sobran los votos al pobre, y ha contestado a Sabina escribiéndole otro poema también en Interviú, adoptando así por momentos el papel de Góngora. ¡Qué maravilla! ¿No os parece?

Estoy convencido de que el mundo sería un lugar mejor si los políticos se escribieran poemas unos a otros en vez de discutirlo todo. Me imagino que en vez de un debate televisado entre Zapatero y Rajoy, publicara el presidente un soneto en El País como crítica al líder del PP y éste contestara con unas coplas de pie quebrado en El Mundo. ¿Os imagináis a Bush escribiendo pareados a Sadam Hussein en vez de bombardear Iraq? La poesía, aunque me haga sufrir, es un gran tesoro porque vuelve bello todo lo que toca. El peor de los poemas está lleno de belleza. Así como nosotros somos bellos en la medida en que existimos. Son bellos cada uno de nuestros momentos: en Glasgow, en Barcelona... ¡Es tan difícil hablar de ellos! Son poesía, son bellos. Así como nosotros. Es una pena que muchas veces nos olvidemos de eso.

21 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 3: La Yaya

No puede leer esto que escribo. Hace años que perdió gran parte de la visión y dejó de comprarse el Pronto. Mi hermana le susurró al oído su regalo. Me dijo que lloraron mucho. Tiene 95 años y es la persona más sabia y fuerte que conozco. Me ha enseñado mucho. Duerme donde yo dormía antes y pasa el tiempo recordando. Y yo con ella. Me entiende, me conoce. Me quiere tal y como soy. Me acepta y se acepta aceptándome. Lleva años diciendo que el año que viene su muere. ¡Ojalá no se muera nunca! No puede leer esto que escribo... pero no importa, porque me lee el corazón.



Abuelita del alma querida
de ojos azul ciego cristalinos,
yaya de las piedras del camino
viudo y resbaloso de mi vida.

Me esperabas al salir de la escuela,
con tu sonrisa de octogenaria,
un bocadillo de mortadela
y un puñado de afecciones varias.

Me limpiabas el culo con dulzura,
me cuidabas, ponías la mesa,
cuando perdías la dentadura
no había Parque de la Marquesa.

Mi abuelita, mi copla, mi nana,
mi fandango cojo, mi ventana,
mi caramelo de miel,
mi caracolillo impar, mi hoyuelo
de Kirk Douglas, mis toscos buñuelos,
mi carrusel.

A la muza, muza, en su colina,
charla el loco con Paco Rabal,
le canta errante Antonio Molina
al pánico vidrioso de un zagal.

Puesto que te añoro sin lamento,
pero no te olvido ni un segundo,
sé feliz por mí por el momento,
hasta que me canse de ver mundo.

Mi anciana, mi cama, mi regazo,
mi murciana cañí, mi cepazo,
mi maraca de Machín,
mi aguja enhebrada, mis lentejas,
mi abanico, mi cuento de Calleja,
mi calcetín.

Mi abuelita del alma querida,
mi moraleja, mi vida.

16 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 2: El Tete y la Tata

Si miras atrás, no sabes qué hubieras hecho sin ellos. Y no es que haya sido fácil, pues dolía cuando te tiraban de los pelos y tú les arrojabas un coche de juguete a la cabeza; jodía cuando ocupaban el baño, cuando usaban tus cosas; llorabas cuando perdías, cuando te dejaban de lado, cuando te decían aquello que sabían que tanto te ofendía. Era triste competir, difícil compartir, extraño odiarlos. Crecer sin intimidad no era fácil. Pero con ellos, ¡era todo tan divertido! Miras atrás y no los cambiarías por nada. Los que tenéis hermanos sabéis a lo que me refiero.


TETE

Como si hubiera de verdad una meta,
corre que se las pela en Serrahima,
tan cenutrio, tan afro, tan atleta,
el hermano del que rima.
Como volando en bambas con tachuelas,
con un dorsal que reza Simón dice:
me robó el corazón Pepe Viyuela,
Vomitón y yo felices,
Ed Wood, su abrigo de angora,
Michael Knight y Mitch Buchanan,
la distensión del ahora,
el Athletic de blaugrana.
Como si andar no fuera suficiente,
corre dejando atrás toda tristeza,
toda la retaguardia del valiente,
los calzones, la cabeza.
Como el radiocaset de Mikimoto,
como La Polla Records en tu recto,
un zurullo de coña medio roto,
los silencios del afecto.
“¿Y ahora qué, Bartolomé?”,
pregunta Joaquín Tardido
la tarde que me encontré
Víctor de Fonseca herido.
Como el Equipo A es incansable,
como Els joves, la tele del verano,
como Perturbado, ¡qué entrañable!
Mi cómplice del humor:
mi hermano.

TATA

Lulú con blanco mechón al viento,
cola de caballo del momento
que nos regala
los gritos a diario, la prisa
por la mañana, el beso y la risa
de gugumala.
Cuentos de Tintín entre las tetas;
viendo el Filiprim, comer croquetas
en el sofá;
Oh! Bongònia, Plàstic, Melrose Place,
el pecho duro de Patrick Swayze
sin deslustrar.
En pijama haciendo el vago
el Caqui y Biliboliago.
Jugando a chapas, al Un, Dos, Tres,
hacer el pino y verme al revés
con el vecino.
Musa de joaquines y manolos,
tan tiernos y cercanos, tan cholos,
tan anodinos.
Compartiendo las maletas
y merendando galletas.
Recuerdo Sensación de vivir,
cuando éramos tan ñajos y Scritch
era mi par.
Pumuky el colosal, Heidi y Marco,
al mediodía euforia en nuestro cuarto
y al acostar.
Mi regalo de cada mañana
fue despertar con mi hermana.

8 de enero de 2008

REGALOS DE REYES 1: Papá y Mamá

Cometer la osadía de no volver a casa por Navidad bajo el pretexto de buscar un trabajo que no he encontrado me produjo, finalmente, un mal de conciencia denso y muy molesto. Con la idea de paliar ese llanto interno, se me ocurrió hacer a mi familia un buen regalo. A falta de dinero y medios, opté por escribir un poema dedicado a cada uno de ellos, mandarlo por correo y que lo abrieran junto a los demás regalos el Día de Reyes. Aunque hay quien opina que regalar un poema bordea el límite entre lo que es digno de admiración y lo que es objeto de burla, traté de ponerle todo mi amor y respeto. Estén bien o mal, no soy un poeta. Eso lo sé. Pero tampoco es Dalí el niño que pinta un retrato con plastidecores el Día de la Madre. Y yo, como ya dije, no he dejado de ser un niño, aunque ahora también sea otras cosas. Modestamente, aquí van dos de los poemas. Próximamente, publicaré el resto.


PAPÁ

Papá, anoche soñé mientras lloraba
las huellas de la senda de un pirata,
las broncas de la mama con la tata;
papá, anoche lloré pero no estabas.

Soñé que un elefante en un guateque
bailaba un rock’n’roll a tu manera
y el inspector Clouseau extendía un cheque
a nombre de un actor y una pantera.

Soñé que nuestra vida es un doblaje
grabado en súper-ocho por un triste;
es los Beatles tocando en un garaje
la música de fondo de tus chistes.

Papá, anoche soñé mientras lloraba
que ya no disimula tanto el Mula,
que te pagaba el doble el Patachula;
papá, anoche lloré pero no estabas.

Lloré por no valer como poeta,
porque no es el Athletic campeón,
porque no sé montar en bicicleta,
ni iba en R-5 el temible burlón.

Lloré, he de confesar, no me arrepiento,
la muerte del pequeño de la casa
entre la soledad de un aeropuerto
y el tedio de los años que se pasan.

Papá, anoche soñé mientras lloraba
que no me duelen tanto las verdades,
que nunca has trabajado en Navidades;
papá, anoche lloré pero no estabas.


MAMÁ

Mi mamá me rima en consonante brillo
con el bocata a la hora del recreo,
con la soledad de un mocho en el pasillo,

con los chicles y la bolsa del mareo,
con el glamour de un sostén en cabestrillo,
con un He-Man, un Playmobil y un tebeo.

Encarna de noche, 
esclava del Señor,
no hay reproche 
en las contiendas
con su marido en el coche
que consiga que se entiendan.

Mi mamá me rima besos en la frente
con la sombra de una reina en zapatillas,
con la huelga del cariño de la gente,

con mi cabeza recostada en sus rodillas,
con los cromos de Son Goku, con el Tente,
con su marca de carmín en mis mejillas.

Encarna de todos, 
esclava del Señor,
por los codos 
sufre en vida
de tan malos buenos modos
cada humilde despedida.

Mi mamá, mi primavera, mi guardiana,
mi canción de cuna en pantalón de pana,
mi Colacao con aroma a su mañana.

Encarna me mima, 
esclava del Señor,
me cocina
desde lejos,
un potaje de autoestima,
jarabe para el espejo.

1 de enero de 2008

2008, STEP IN TIME

A la Nunu, a Judith y Cristina. A Elisa y Alessia. A Eva y Pilar. A mi hermana Patri. A la Vane. A la Noe. A María. A Edward. A Álex. Y a todas las demás... y a todos. Y a mi padre.

Faltaban cinco minutos para las doce y yo no tenía deseo. No es nada fácil pedir un deseo. Deseamos demasiadas cosas a la vez como para quedarnos con una. Y yo no quería ser superficial pidiendo éxito, dinero y reconocimiento. Ni quería caer en la ingenuidad de desear la paz en el mundo, pues antes vendría la paz en mi mundo (egoísta yo) que en el mundo entero, que es mucho mundo. Tampoco me convencía lo abstracto, que es como no desear nada, ni lo concreto, pues sabe a poco. Siempre me ha costado tomar decisiones, pero es mucho peor cuando se trata de un deseo. Hay que tener cuidado con lo que deseamos pues, como dijo el sabio, podría hacerse realidad.

WALT DISNEY

En Escocia no se comen uvas por fin de año. En realidad, en ninguna parte, excepto en España y todavía no sé por qué. Spain is different. Si alguien sabe el motivo, que me lo explique, porque llevo dos semanas poniendo cara de idiota cuando me lo preguntan los guiris de por aquí. En Escocia, en vez de empezar el año atragantándote, se empieza con un beso y un deseo. Cuentas atrás a gritos con la multitud y, cuando dan las doce, nada de campanadas: un piquito con alguien para tener suerte en el amor, pides un deseo y entonces: fuegos artificiales.

Ya tenía a quien besar y Edimburgh estaba lista para entrar en 2008. Estaba preciosa. Llena de luces y carruseles de colores. Había dejado de llover y hasta se podía ver alguna estrella. Y yo sin deseo. Pero entonces, mi mente voló como una cometa por entre mis recuerdos. Hacía dos días que había vuelto a ver 'Mary Poppins' en dvd, en casa de Alessia, celebrando la Navidad o algo parecido. Me acordé de las canciones y de Julie Andrews y Bert y los niños. Y el padre de los niños. Y la madre. Me invadieron de nuevo esas ganas de llorar que me invaden siempre que la veo. Como llorar por dentro con una sonrisa. Reír y llorar, que es en verdad lo mismo. Me inundé de esa alegría y cogí a Elisa de la mano y a Sara. Y conté hacia atrás con la gente y pedí que este año sea supercarlifragilisticoexpialidoso.

Deseé que este año sople el viento del Este (por donde sale el sol) y que el paraguas me hable y me lleve volando a todas partes. Deseé pasar la tarde bailando con pingüinos o saltando de chimenea en chimenea sin caer jamás al vacío. Porque con un poco de azúcar pasa mejor la píldora de la soledad y el miedo. Pedí entrar en los cuadros pintados bajo nuestros pies y que los caballitos en los que montamos dejen de dar vueltas y cabalguen libres. Que tomemos el té flotando en el techo. Que quién se muera, se muera de risa. Que voten las feministas. Que nuestros padres dejen de trabajar tanto y canten con nosotros. Cerré los ojos con fuerza y susurré que no le quiten a nadie sus dos peniques; que siga siempre allí sentada la mujer de las palomas y nos sonría; que el corazón no deje de hacernos Bim-Bom-Bam. Deseé honestamente, lo juro, que un huracán se lleve por los aires a todas las niñeras gruñonas de la puerta de nuestras casas y que, para cuando cambie el viento, estemos entretenidos volando una cometa o lo que nos dé la gana. Lo deseé, os lo deseo, al compás de vuestros propios ideales.

Feliz 2008. Espero que aprendamos un montón de cosas juntos este año. Es un placer compartir todo esto con vosotros, los que me leéis y estáis conmigo. Un beso y gracias.

28 de diciembre de 2007

IN THE NAME OF GOD

La mañana del día de Nochebuena llaman a mi puerta. Estoy solo. Mi compañera de piso se ha ido a Polonia a abrazar a su familia durante tres semanas. Mis amigos han vuelto a sus países de origen renegando y con el espíritu navideño en forma de nariz arrugada incrustado en sus tristes rostros. No sé dónde quedan los anuncios de turrón en todo esto.
Estoy sólo en mi piso de Glasgow descansando de estudiar y buscar trabajo la víspera de Navidad y suena el timbre. Miro el calendario por si acaso fuera Halloween otra vez, pero no; así que voy a abrir. Dos hombres de más de cincuenta años sonríen y me dan los 'buenos días'. Uno lleva un maletín y unos folletos. El que parece el portavoz tiene una revista en la mano y debajo una Biblia escondida. Me hablan deprisa y no consigo entenderlo todo, pero capto cosas como: "la llegada del Señor", "se habla de paz y amor", "Jesucristo", "interesado en", "Dios es bueno", "el maligno". Me lee un pasaje de Saint Luke y me mira como si hubiera conseguido demostrar algo. Pienso: "Estoy aburrido". Pienso: "No tengo nada mejor que hacer". Pienso: "Es una oportunidad para practicar inglés". Y entro en el juego.

Matt Groening

Le digo: "Mire, tengo dos biblias en mi habitación. Una en inglés y otra en español; las leo. Pero no creo en Dios. Al menos de la misma manera que ustedes".
¿Así que las lees desde un punto de vista ateo?
Usted dice 'ateo' como si fuera algo malo.
¿No conoces la fe, joven?
La verdad es que si Dios existe o no me da lo mismo.
Me lee otro pasaje en el que se intenta demostrar que tener fe es bueno. Yo le intento explicar que la fe no se tiene porque uno quiera. Yo no puedo empezar a tener fe en Dios de repente sólo porque me parezca conveniente. Le cuento que soy de tradición católica, que estoy bautizado. Le pregunto de que religión son, pero no responde.
¿Y por qué lees la Biblia?
Me gustan algunas metáforas que explica.
La religión católica es la que te ha metido esas ideas en la cabeza. ¡Nada en la Biblia es metafórico!
Se me escapa la risa.
Oiga, no culpe al Papa. Los católicos también quieren que tome como real todo lo que pone ahí.
Los católicos tratan de engañarte.
¿De qué religión son ustedes?
Me molesta que no me respondan a eso. Yo estoy siendo honesto respecto a mis creencias y eso que son ellos los que vienen a mi casa a evangelizarme. Sólo pido un poco de transparencia. ¿Cómo quieren que me haga socio de su club si no me dicen de que club son? ¿Protestantes? ¿Metodistas? ¿Anglicanos? ¿Presbiterianos? Le suena el teléfono y aprovecha para ignorar de nuevo la pregunta. Me dice que es raro, que nunca le llaman cuando está trabajando. ¿Trabajando? Le digo: "Creo que es la llamada del Señor". Pero le cuelga. Parece que cuando está "trabajando" no le gusta que le moleste ni Dios. Insisto una última vez y finalmente confiesan: "Jehovah's Witnesses". ¡Qué decepción! ¡Malditos testigos de Jehová! Están por todas partes. Yo que quería conocer una religión nueva... Les pregunto lo único que en realidad me interesa.
Jesús no nació en Navidad, ¿verdad?
No, nació en otoño.
Me enseña varios pasajes que lo demuestran según ellos.
¿Y por qué no celebráis la Navidad en otoño?
Porque la Biblia no dice que haya que celebrarla. Ni los cumpleaños.
¡Pobres niños!
Me miran como compadeciendo mi alma. Tras un rato más de divagar, tras enseñarme un árbol genealógico que según ellos demuestra la existencia real de Adán, se cansan de mí y se marchan. Creo que soy el primero en aguantar hasta el final. Incluso me hubiera pasado más tiempo allí, pero ellos ya estaban hartos de mí. Ni siquiera me dieron la revista. Me dijeron que cuando tuviera más dudas, consultara la Biblia.
Por la noche, después de cenar con mi familia por videoconferencia vía internet, para completar mi día religioso, acompañé a mi amiga Alessia a la Midnight Mess, en la iglesia de la Universidad. Es una iglesia protestante. Aquí la gente no es que sea muy creyente, pero parece que en Nochebuena es tradición ir a misa, así que van. Todo me pareció bastante católico excepto que no había Cristo en la cruz, que las canciones eran animadas y que nadie respondía 'Amén' después de que el sacerdote dijera 'Amén' (que, por cierto, llevaba una casulla de colores que ni Agata Ruiz de la Prada). También hubo un bautizo y no paraban de hablar del nacimiento de Cristo. Pero lo que más me gustó es que en medio del altar reinaba un gran arbol de Navidad gigante, con sus bolas y sus luces. Un símbolo pagano enorme en la casa del Señor, más grande que la propia cruz. Pero, bueno, ¿qué se puede esperar de un país que cree en Santa Claus y no sabe quiénes son los Reyes Magos? ¿Alguien ha visto aparecer a Papá Noel en algún lugar de la Biblia? Cuando acabó la ceremonia y tuve que darle la mano al cura, como todos los feligreses, le miré a los ojos con picardía como diciéndole: "En realidad sabes que todo esto es una fiesta pagana, ¿verdad?". Él me respondió con la mirada, como si contestara: "¿Y qué demonios importa?". Y, la verdad, tenía razón. Merry Christmas.

22 de diciembre de 2007

BE COOL

"Algunas veces vivo y, otras veces, la vida se me va con lo que escribo" (Que se llama soledad, Joaquín Sabina)


Se trata de jugar. Nada más. Porque seguimos siendo niños. Nunca dejamos de ser las cosas que fuimos en el pasado. Simplemente vamos sumando, construyendo esa copiosa torre de Babel a la que llamamos "yo". Fui un bebé, un niño, un chico, un hombrecito... y ahora soy todo eso a la vez. Y un payaso y un triste; un tímido, un valiente; soy un cantante y un mudo; un amante, un novio y un soltero. Soy eso y además actor, que es como serlo todo. Como ser niño dos veces. Los anglosajones lo tienen claro y usan el mismo verbo para el niño que juega, el actor que interpreta y el músico que toca la trompeta.

Soy lo peor y lo mejor de mí mismo y no tengo porqué avergonzarme de eso. Soy feliz siendo "yo" cuando me dejo de tanto pensar y juego. Cuando estoy de verdad presente y disfrutando, y eso es más de lo que muchos pueden decir. Es lo que más me cuesta. Porque no sólo es ir y hacer las cosas. Porque juzgo, me censuro, me bloqueo y no puedo sentir nada, ni bueno ni malo, más que un enorme vacío interior. Como si fuera un cuerpo hueco, un cascarón. Como si por dentro sólo fuera eco y telarañas. Estoy en medio de algo y de pronto mi mente se aleja hacia atrás a cien kilómetros por hora. Puedo ver a todos los presentes cada vez más y más lejos de mí y, sin embargo, sigo estando allí. Sigo escuchando las conversaciones, participo, bebo, bailo desde la más profunda alienación. Todos creen que estoy, pero mi alma ha volado hace rato muy lejos, al otro lado del arco iris. Hay una pared enorme entre yo y el mundo. En ese momento, creo que me protege, aunque en realidad me mata. Muchas veces he pensado que esa muralla me proporciona una visión privilegiada de la sociedad, como si estuviera por encima de la gente. Como si pudiera ser escritor gracias a ella. Pero cuando uno rompe de un cabezazo esa barrera y puede rozar a los demás con la punta de la nariz, se da cuenta de que no tiene ningún valor vivir al otro lado. Permanecer encerrado no me convierte en mejor artista, ni me hace superior a nadie. Me convierte en un marginado. Simplemente.

Así que se trata de un juego, como todo. Hay que tirar los dados, mover ficha. Chutar a portería. Saltar del trampolín. Reírse de dentro hacia afuera. Mirar la vida a los ojos. Sentir lo que normalmente tratamos de resolver pensando y ser tan auténtico como te mereces. Jugar como el niño que sigues siendo. Un niño que se divierte y no se da cuenta que las horas pasan. Dar vueltas y más vueltas sólo por el placer de marearse y caerse al suelo. Como si las cosas más pequeñas fueran nuevas y fascinantes. ¿Sabéis una cosa? En realidad, lo son.

11 de diciembre de 2007

NARANJAS POR MANDARINAS

"Un optimista piensa que éste es el mejor de todos los mundos posibles. El pesimista tiene miedo de que eso sea cierto" (R. W. Emerson)


No es una imagen de la nueva película de Tim Burton: es Glasgow. Concretamente, the Kelvingrove Park al lado de la Universidad. Os aseguro que la foto no está trucada, paso por ahí todos los días. Es un parque que me pareció precioso cuando lo visité en septiembre por primera vez y ahora me parece poco menos que aterrador. La realidad se nos presenta a veces de maneras completamente opuestas. Otras veces, nosotros interpretamos el mundo dependiendo de nuestro estado de ánimo. Es difícil diferenciar cuando es cosa tuya y cuando es cosa del exterior.

Los dos últimos días ha hecho sol. Lo de sol es un decir, no es el sol de España, pero apenas ha llovido. Para celebrarlo me había prometido tratar de escribir un post optimista. A veces me releo y, aunque me gusto, me planteo si estoy dando una visión demasiado negativa de mí mismo. Es decir, el pesimismo mola. Nietzsche mola y Schopenhauer. Mola El Guardián entre el centeno. Mola Bukowski y Chuck Palahniuk. Kafka, Camus, Woody Allen. Y también mola el doctor House. Y yo me molo tratando de emularlos a todos a la vez. Pero una cosa es escribir un cuento y cagarme en el mundo entero por boca de un personaje de ficción amargado, y otra es ser el amargado en primer persona. Porque a la gente le gusta y me dicen: "¡Qué bien escribes!", pero aquí se supone que la cosa va de ser uno mismo. Y yo soy mucho más que un tío que se queja de todo. Yo soy muchas cosas, pero cuando escribo soy sólo una: un escritor. Un escritor con un estilo. Uno solo. Al novelizar mi vida en cada anécdota que cuento, me soy infiel cien veces a mí mismo; traiciono a ese yo real al que muchos quieren pero al que nadie admira. Es difícil ver a la persona detrás del artista. Os lo digo yo, que me enamoro del primero que se presenta en mi vida con una guitarra colgando en la espalda.

Ayer quería comprar mandarinas. Me apetecía. Encontré en el Morrisons una bolsa enorme de mandarinas por una libra y la compré. Cuando llegué a casa, cogí un par y me senté a ver la tele. ¡Qué dura estaba la piel! No podía pelarlas con las manos. Lo intente con mucha fuerza, clavando las uñas. ¡Qué raro! Finalmente, fui a buscar un cuchillo y la pelé como una naranja. Una vez pelada, también me resultaba difícil despegar los gajitos, así que la partí por la mitad. Mordí un trozo y sabía como una naranja. "¿Pero esto qué es?". Miro la etiqueta y leo claramente: ORANGES.


Glasgow: el mismo parque. Otro día, en otro momento, con otra luz. Se podría decir objetivamente que es un bello lugar, lleno de armonía y que despierta paz y buen rollo. Todo lo contrario que el lugar de la primera fotografía que resulta frío, triste y hostil. Sin embargo, es exactamente el mismo sitio. La naturaleza se transforma día a día y tiene estados de ánimo como nosotros. Pero el ser humano es testarudo y la objetividad le importa un rábano. Por eso todo depende del color del cristal con el que mira. Así uno puede echarse a llorar bajo los cálidos rayos del sol o ponerse a bailar y cantar bajo la lluvia, taconeando en los charcos y subiéndose a las grises farolas de un salto de alegría.

Yo vivo en mi vida, yo mando en las cosas. Las cosas son como yo las siento. La realidad en este caso es irrelevante. Puedo ser un optimista que toma por mandarina una naranja enana, escuálida y ridícula. Porque es mejor pensar que es una mandarina que sabe a naranja que ceder ante la evidencia de que las frutas en este maldito país dejan tanto que desear como el resto de comida. A veces un optimista es un idiota que no acepta las cosas tal y como son. Un ciego que sólo ve lo que le interesa. Un daltónico que sólo ve los colores bonitos del mundo. Pero no es mejor ser pesimista. Puedo tirar las naranjas por la ventana, encerrarme en mi habitación a chatear y no salir en tres días. Un pesimista es un niño enfadado. Un negativo que patalea.

Mientras decido la mejor postura para la ocasión, sentado en el sofá, con la televisión encencida, como sentado entre dos aguas, mastico amargamente las mandarinas-anaranjadas/naranjas-amandarinadas sumido en un realismo mediocre y sin personalidad. No tener punto de vista es como no tener opinión. Es como si la vida no tuviera sabor a nada. ¿Y este iba a ser un post optimista? Os juro que lo he intentado...