14 de julio de 2010

EL HOMBRE DETRÁS DE LA MESA

"Todo es verdad. Todo lo que las personas han pensado alguna vez" (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick)

WARNER
La Central se encontraba en un distrito al que no llegan los transportes convencionales. Más allá de la Cúpula de Comercios y la Ciudad de la Justicia. No era la primera vez que tenía que adentrarme en territorio hostil por motivos de trabajo, pero esta vez la luz solar de las cuatro de la tarde brillaba con especial perversidad. El humo en las calles hacían arder las aceras hasta el punto que las suelas de mi calzado barato empezaban a quedarse pegadas en el asfalto cuando Tirantes me recogió con su coche.
No está nada bien esto que haces dijo Tirantes, despegándose de las uñas un trozo de plástico negro de su volante deteriorado por el calor.
Ellos son peores que yo- respondí.
Los asientos del coche de Tirantes olían especialmente a azufre aquella tarde.
A una velocidad inquietantemente tranquila, nos fuimos acercando a la frontera de Hospitalet, ese oscuro termitero a las afueras de Barcelona continuamente acechado por la destrucción.
No puedo acercarte más, lo siento se disculpó Tirantes.
No te preocupes. Creo que podré llegar sin problemas.
Ten cuidado.
A pie, la laberíntica cuadricula de calles resultaba incluso más siniestra. El sol abrasador de julio asolaba toda la zona. No se veían criaturas vivientes en los alrededores y cuanto más cerca me encontraba de la dirección acordada, más añoraba el personal polimorfo de las calles de mi barrio, las tribus urbanas y las casetas de venta de churros. Esa luz cegadora parecía exclusivamente enfocarme a mí y cada vez me costaba más caminar.
Definitivamente, me he perdido- pensé.
A lo lejos, lo que parecía ser una gasolinera era el único indicio de vida en lo que había recorrido de aquel distrito muerto. Sin embargo, ningún vehículo se veía en los alrededores y la puerta de cristal, oxidada, chirriaba y había que empujarla con fuerza para entrar. El interior, supuestamente un supermercado, era la misma imagen del barroquismo total. Al final de uno de los pasillos, detrás de una caja registradora, un ser descomunal con pelo en la espalda me observaba.
¡Estoy buscando la central de EXILIOR!- mascullé desde la distancia.
No eres el primero que viene por aquí preguntando eso...
¿Está muy lejos de aquí?
Sigue todo recto hasta que veas las chimeneas. No tiene pérdida. Pero cuidado con esta calor... podría jugarte una mala pasada.
Seguí sus instrucciones y en seguida vi las chimeneas que me había indicado. Mi camiseta estaba mucho más llena de sudor de lo que se consideraría aceptable para una reunión de negocios. Los pantalones estaban totalmente pegados a mis piernas y empezaban a desteñirse por el interior. Estaba a punto de deshidratarme cuando finalmente, llegué a las puertas de la Central de EXILIOR. Una fortaleza.
Entré por una verja caliente y subí unas escaleras. Frente a la puerta principal de cristales tintados, un tipo pequeño, delgado, con una gran gorra de agente de seguridad sobre su diminuta cabeza, me preguntó:
Disculpe, ¿a dónde se dirige usted?
Me han llamado. Me han dado esta dirección.
¿Su nombre?
Iván F.
De acuerdo. Pase. Le están esperando.
Y me abrió la puerta con diligencia. Sus venas de color violeta resaltaban en su mano huesuda. Entré despacio y tuve la sensación que todo el trayecto había sido en realidad breve. Miré hacia arriba como si hubiera llegado la hora de morir. Una claustrofóbica escalera de caracol se alzaba hasta un pasillo lleno de puertas en la planta superior. Sentados en unos taburetes azules o apoyados en la pared, se encontraban cinco personas que yo conocía muy bien. Todos me miraron con un mismo gesto. Tuve la sensación del apocalipsis.

Continuará...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y para los q pedimos más sexo, ¿qué post nos harás?

Iván F. Mula dijo...

jajaja, lo siento pero ganaron los que votaron fantasía... si pongo otra encuesta más adelante, igual gana sexo, depende de vosotros. un saludo!