15/01/2012

ENTRE DIOS Y LA MIERDA

"La mierda es un problema teológico más complejo que el mal. Dios les dio a los hombres la libertad y por eso podemos suponer que, al fin y al cabo, no es responsable de los crímenes humanos. Pero el único responsable de la mierda es aquel que creó al hombre" (La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera)


Tengo que redactar un trabajo sobre religión y ética periodística, así que busco "Dios" en Google y obtengo aproximadamente 319.000.000 resultados. Uno no puede evitar cierta decepción, tratándose de un ser omnisciente, omnipotente, omnipresente y eterno.

Te preguntas: "¿Ya está? ¿Eso es todo lo que sabemos sobre Dios?".

El primer resultado es la definición de Dios en Wikipedia. El segundo resultado es la definición de Dios en La Frikipedia. El tercer resultado es un recopilatorio de las mejores frases de Dios tales como: "Dios es mi personaje de ficción favorito", atribuida a Homer Simpson.

-No vamos bien. A ver si va a ser que no existe -pienso.

Pasa una hora y no he escrito ni una línea. Otra vez. Empezar es siempre lo más complicado. Cuando consigues un par de líneas, sólo tienes que seguir el hilo con lo primero que te pase por la cabeza. Con las obras de teatro sucede lo mismo. Y con la literatura.

También con las relaciones: lo difícil es besarse, lo demás es todo inercia.

En www.dios.es se preguntan si Dios existe, para luego responder: "Para mí la pregunta de si Dios existe o no existe, carece de importancia". Y sin motivo aparente me acuerdo de que mi amiga @ReichMT me comentó un día que Google era Dios porque lo sabe todo y está en todas partes, responde a tus rezos y no sé qué más.

Así que busco "Google" en Google esperando que se produzca una especie de bucle infernal; un agujero negro que destruya el universo como uno de esos aceleradores de partículas.

Pero no sucede nada y obtengo aproximadamente 15.290.000.000 resultados. Son 15 mil millones de resultados más que Dios. Aproximadamente.


Milan Kundera se pregunta en La Insoportable Levedad del Ser si Dios caga.

Sí, exacto.

Es un bestseller.

Milan Kundera dice que cuando veía de pequeño la representación de Dios como un anciano sentado en una nube, con una larga barba, ojos, nariz y boca, se preguntaba:

-Si Dios tiene boca, ¿comerá? Y si come, ¿tendrá tripas?

He aquí el problema. Porque si Dios tiene tripas, está claro que Dios tiene culo y caga. Y eso es, sin duda, una blasfemia, porque Dios y la mierda, según entendí en catequesis, debieran ser incompatibles. 

Intento no pensar más en ello porque no me lleva a ningún lado (si un caso, al infierno), pero en los ratos muertos vuelve a rondarme por la cabeza como una pesadilla recurrente. En el metro, rodeado de personas inocentes, me planteo:

-¿Cómo sería un zurullo de Dios? ¿Brillaría como el Santo Grial? No puede ser un truño común, es mierda divina. De un abono así, tienen que crecer maravillas.

A mi lado, un hombre de pelo cano lee un libro diminuto. Parece un diccionario de bolsillo pero el encabezado reza: "El Reino de Dios ya se acerca". ¿Habrá en ese Reino un yerno de los cielos corrupto?

Saco mi Samsung Galaxy y trato de evadirme. Busco "mierda" en Google y obtengo aproximadamente 140.000.000 resultados. La mitad que Dios.

El hombre canoso se lame la punta del dedo y pasa de página. Está claro que es un buen cristiano. Quisiera preguntarle: "¿A usted le parece, como creyente, que Dios defeca?"

Pero no digo nada porque la pregunta en sí no tiene sentido.


"Si Dios es color carne, Dios tiene piel. Y si Dios tiene piel, Dios suda. Y si suda es porque bebe agua. Y si bebe agua, mea. Y si mea, tiene pene. ¿No cree usted, buen hombre?", se me ocurre.

Pero no abro la boca.

Si Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, esto sería así. Y tendría culo y una santa polla. Lo de los pechos y la vagina son cosa de la mujer, ya sabéis, esa costilla venida a más. Pero lo más seguro es que Dios no hiciera al hombre a su imagen y semejanza, sino más bien lo primero que le salió y, por eso, las cosas nos van como nos van.

Leo en twitter que el Papa ha declarado: "El matrimonio homosexual es una amenaza para el futuro de la humanidad". No la contaminación. Ni el armamento nuclear. Ni el Sida. Que los mariquitas se casen. Sí. Ni el cambio climático. Ni el terrorismo. 

-¿Usted cree que el Papa ha tenido alguna vez una erección, señor canoso?- quisiera preguntarle. Pero no lo hago porque parece una buena persona. Es lo que tiene la palabra de Dios, que invade incluso las mentes de la buena gente.

Uno puede escoger no masturbarse pero, ¿puede elegir no desear? ¿Puede escoger no excitarse?

Leo en twitter que el obispo de Córdoba dice que la escuela "incita a la fornicación". Este tipo no conoce a mis profesores de matemáticas. 

-¿Usted cree que el obispo de Córdoba eyacula? ¿Tendrá sueños húmedos? Eso es algo que, en principio, no se puede evitar. Y si es así, ¿soñará con Kim Kardashian? ¿O su inconsciente preferirá a Cristiano Ronaldo? O peor, a Justin Bieber... ¿O a Selena Gómez?

El señor devoto se baja del metro sin responder. Seguramente es que en vez de decirlo lo he pensado. Será mejor así.

Busco "sexo" en Google y obtengo aproximadamente 474.000.000 resultados. Eso son 100 millones más que Dios.

Creo que voy a cambiar el tema de mi trabajo.

01/01/2012

DESEOS Y ACCIDENTES

"No mentirse a uno mismo, ni mentir a los demás sólo es posible en el supuesto de que vivamos sin público. En cuanto hay alguien que observa nuestra actuación, nos adaptamos, queriendo o sin querer, a los ojos que nos miran y ya nada de lo que hacemos es verdad" 

(La Insoportable Levedad del Ser, Milan Kundera)

Ayer leí que la sociedad se divide en dos grandes grupos: los hijos que fueron deseados por sus padres y los que fueron accidentes. Desde entonces estoy obsesionado con esta idea.

Me pasa a veces. Resulta más fácil dar un sentido a la realidad viéndola desde una perspectiva simple que lo explique todo.

Según los expertos, el hijo deseado tiene como única misión en la vida cumplir con el proyecto que sus padres han imaginado para él. Por el contrario, el hijo accidental debe hacerse perdonar su venida al mundo.

¿No te resulta reconfortante? Yo es que no acabo de estar muy bien de la cabeza. Hay que tomarlo como un juego. Unos son complacientes. Los otros piden perdón por existir a cada momento.

Mi profesor de Redacción me dice que tengo un gran instinto periodístico. Lo que quiere decir en realidad es que soy un mirón, un cotilla. Que no estoy aquí; que sólo lo observo. Mi profesor me dice que va a ponerme matrícula de honor y yo digo: "Gracias". Lo que quiere decir es que tengo una enfermiza curiosidad por saber lo que se esconde detrás de las personas.

Un interés patológico por encontrar explicaciones a las cosas.


Es muy sencillo, todos pueden jugar. Se trata de adivinar lo que en realidad está a la vista de cualquiera.

Por ejemplo, el chico que en la comida familiar de Navidad dice que quiere repetir. Hay cantidades ingentes de alimentos sobre la mesa y nadie se atreve a ingerir ni una miga de pan más por miedo a explotar. Algunos han empezado a sudar. Algunos se han desabrochado el pantalón. Nadie puede comer más, pero entonces alguien dice que quiere otra ración. Ese chico. ¿Deseado o accidental?

Es divertido, ¿verdad?

El chico que sigue apasionadamente una serie de televisión y no tiene ningún reparo en comentarla con sus amistades más cercanas, hasta que una tarde, en una reunión social en un bar alguien dice: "¿Conocéis esa serie? ¿No os parece la peor mierda que se haya filmado jamás?". Y el chico calla y bebe un sorbo de su cerveza hasta que cambie el tema de la conversación porque confesar le resulta demasiado doloroso. Ese chico. ¿Deseado o accidental?

O el que en el trabajo hace exactamente lo que el jefe le ordena. Incluso aunque sea claramente injusto. Aunque no sea su obligación y el jefe no esté mirando. ¿Deseado o accidental?

O el que habiendo nacido en Barcelona es forofo del Madrid como su padre y como su abuelo. ¿Deseado o accidental?

O el que responde siempre: "Lo que tú quieras". O el que dice: "Mis padres son los mejores padres del mundo". O el que en el metro escucha música mirando al suelo.

¿Deseados? ¿Accidentales?


Mientras mi profesor me elogia, tengo la extraña sensación de estar pidiéndole disculpas por sacar tan buena nota. Algunas veces no es agradable hacer las cosas demasiado bien. Le miro como diciendo: "Está bien, pero vamos a guardar esto en secreto, ¿de acuerdo?".

Pero lo que en realidad le digo es: "He disfrutado mucho de la asignatura".

Al llegar a casa, mi madre está leyendo una novela de Ruiz Zafón sentada en el sofá. Lleva puestas las gafas de mi padre. Ella lo sabe. Él lo sabe. No siempre se ve mejor con las propias gafas. Le digo:

-Mamá, he sacado matricula de honor en Redacción.

Mamá me mira por encima de las lentes y pregunta:

-¿Eso qué quiere decir? ¿Que te va a salir gratis la asignatura?

¿Deseado o accidental?

03/12/2011

HORROR VACUI

"La gente no quiere que les arregles la vida. Nadie quiere que le solucionen sus problemas. Sus dramas. Sus congojas. Ni quieren resueltas sus historias. Ni sus líos. Porque, ¿qué les quedaría? Sólo lo desconocido, grande y aterrador" (Superviviente, Chuck Palahniuk)

1. Mi padre ha descubierto desde que se ha jubilado que le gusta descargar películas de internet. No le gusta ver películas. No te confundas. No le gusta gusta ir al cine. No le gusta para nada. Ni siquiera cuando las dan en televisión siente el más mínimo interés. Le gusta descargarlas.

Cada mañana a las 8, papá se levanta, enciende la televisión y le quita los pañales a mi abuela. Cada mañana, cada día de su vida, desayuna café con leche y una magdalena, y pone a descargar Las Aventuras de Simbad. La Última Vez que vi París. El Rabino y el Pistolero.

Y nunca las ve.

No sé si lo entiendes. No las ve: las acumula.

Mi abuela ha perdido la cabeza más o menos desde que ha dejado de dominar sus esfínteres. O ha empezado a mearse encima desde que escucha voces que no existen. Según se mire. No sé lo que sucedió primero pero es, en esencia, lo mismo.

Así que mi padre, la sienta todas las mañanas frente al televisor encima de dos toallas y guarda en el disco duro American Gigoló. Confidencias a Medianoche. El Estrafalario Prisionero de Zenda.

2. Una tarde intento escribir un artículo sobre Ciudadano Kane que me ha encargado mi profesor de historia. Se trata de exponer si es una crítica o un elogio del periodismo. Son las cuatro y después de Saber y Ganar, mis padres cambian a Sálvame. Mi abuela ya ha empezado a farfullar:

-Ya sabe usted que en esta casa sólo vive gentuza y está todo lleno de mierda.

Yo no sé qué decir de Ciudadano Kane. Podría escribir cualquier cosa. Pero la hoja sigue en blanco.

-Ésta no es mi familia. Son unos impostores que me engañan y se comen mi comida y me roban el dinero.

Las frases de mi abuela se confunden con un debate sobre el retorno de Karmele Marchante. Kiko Matamoros la llama engendro. Lydia Lozano la llama mal compañera.

Mi padre cree que Karmele es imbécil. Mi madre la considera divertida.

-Duermo en una cama llena de bichos que por la noche me comen el pelo- añade mi abuela.

La discusión sube de tono. Me pongo un lápiz en la boca. Jorge Javier intenta poner orden. Se está descargando La Guerra de los Rose. Cómo Matar a la Propia Esposa. Mi padre dice: "Cállate". Yo escribo una frase ingeniosa sobre el uso de la cámara de Orson Welles.

Mi madre dice a mi padre que todo le parece mal y que no grite. Mi padre dice a mi madre que siempre le tiene que llevar la contraria. Mi abuela dice "gentuza". Mi madre dice que nos van a oír los vecinos. Belén Esteban dice algo de la regla de Karmele. Mi padre dice: "coño", "joder". Mi madre dice "ya está bien".

Borro todo lo que he escrito. Intento volver a empezar.

El Hombre de una Tierra Salvaje.
Infierno de Cobardes.
Las Sandalias del Pescador.

3. Salgo de la habitación con paso firme.

-Papa, ¿cuántas películas tienes descargadas?
-Dos mil o tres mil.
-¿Cómo?- se escandaliza mi madre.

Mi padre sugiere:

-¿Quieres ver alguna?
-No. Sólo quería saber el dato.
-¿Dos mil o tres mil?- insiste mi madre.
-¿Tienes Ciudadano Kane?
-No- dice mi padre.

Vuelvo a la habitación y pongo un cd de Mika para mitigar el ruido de fondo. Pero todo suma. Mi abuela. Mis padres. Sálvame. Mika.

Casi no puedo escuchar mis pensamientos: Ciu-da-da-no Ka-ne. Ciu-da-da-no Ka-ne...

4. Llega la noche y no he sido capaz de escribir ni una línea. Ni una palabra. La imagen de la página en blanco, vacía, me horroriza. Todo está en calma.

Le pregunto a una compañera: "¿Has escrito el artículo sobre Ciudadano Kane?". Me cuenta que no todavía, pero eso no me hace sentir mejor. Me dice que tiene cuatro cumpleaños esta semana. Le pregunto qué va a hacer. Dice que va a ir a los cuatro. Le digo que eso es imposible. Me dice:

-Sí. Dos el viernes y dos el sábado.

Pienso: "Está loca".

Cuando me meto en la cama repaso mi horario de mañana. Levantarme. Trabajar. Comer. Escribir. Ir a la universidad. Reunión de teatro. Cenar. Escribir. Acostarme.

Pienso: "Estoy loco".

Conozco gente que trabaja once horas diarias y ni siquiera come, pero eso no me hace sentir mejor.

Entonces, cierro los ojos y me enfrento al vacío más absoluto: oscuridad y silencio. No se escucha ni el ruido de la nevera.

Agarro las sábanas con fuerza y aprieto los ojos. Mis rodillas chocan entre ellas. 

Escondo la cabeza bajo la almohada. El sosiego silba en mis oídos.

Ni un solo sonido.

Hasta que no me duermo, no dejo de temblar.

22/11/2011

EL EFECTO IMITACIÓN

"I am an emotional plagiarist, stealing other people's pain, subsuming it into my own until I can't remember whose it is anymore" (Sarah Kane)


Aquella noche tampoco pude dormir bien. Ganó el Partido Popular por mayoría absoluta y soñé que unas gaviotas me comían los ojos. Es cruel celebrar las elecciones un domingo. ¿Cómo quieren que al día siguiente vayamos a trabajar como si nada? En Inglaterra, se vota un viernes y así luego puedes ir a emborracharte y tratar de olvidar.

Pero yo vivía en España y aquel lunes funesto, la frecuencia habitual de la línea uno había sido interrumpida por una tercera persona. Yo que nunca entendí los eufemismos, miré el reloj mientras el resto de pasajeros clavaban sus ojos en las vías desde el andén. Yo me preguntaba:

¿Una tercera persona? ¿Y las otras dos?

"Veintiocho suicidas se tiran cada mes a las vías en Barcelona, sumando metro y ferrocarriles", decía una estadística de la época. Me lo explicó mi profesor de redacción informativa. Un acuerdo con los medios silenciaba este dato, al parecer, porque existía la creencia de que si se supiera, se produciría un efecto imitación y los intentos de suicidio se multiplicarían.

Como si veintiocho al mes fueran pocos.

El caso es que todos a mi alrededor miraban los raíles como cuando miramos el mar en primavera. Yo era joven todavía, no estaba casado. Mis amigos habían empezado a hacerlo: primero una pareja; al cabo de un tiempo, dos más; y en seguida empecé a tener tres bodas al año. Algunos ya tenían hijos. Primero una pareja; al cabo de un tiempo, los demás.

Eran unos años en que si te quedabas en paro, todos a tu alrededor estaban en paro. Si tu pareja te abandonaba, te salían amigos solteros por todos lados.

Y yo no conocía a nadie que hubiera votado al PP, pero ahí estaba Mariano botando en el balcón de la calle Génova.

Los altavoces del metro insistían en lo de la tercera persona y una mujer con un niño paseaba al borde del andén. Como cuando te dicen: "No pienses en un elefante rosa", y entonces no puedes pensar en otra cosa.

Yo nunca vi a nadie tirarse a la vía, pero ahí estaba la estadística. El metro tardó en venir.

Eran tiempos oscuros.

12/11/2011

ZAPPING

"Pareciera, en efecto, que las masas se equivocan y los individuos siempre tienen razón" (Boris Vian)

... despierto cada madrugada exactamente a las 5:03 a.m. con la sensación de que nunca más volveré a dormir. Intento pensar en algo que me inquiete para justificar el insomnio. Busco fantasmas en las sombras del techo y las cortinas y cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad, sé que estoy perdido. Me pongo la almohada en la cara. Se me ocurren un par de ideas para una obra de teatro, pero no me levanto. No estoy tan desesperado todavía. De madrugada, todas las malas ideas parecen buenas. Y como yo nunca he sabido...

¡Clic!

... sostiene la puerta con la mano, le beso en los labios. No se aparta. No se acerca. Mira al suelo. El color de su piel desnuda contrasta con el blanco de sus calzoncillos Calvin Klein y yo le digo: "Lo siento". Le acaricio la mejilla con el dorso de mi mano pero ha decidido dejar de mirarme. Y me dice: "No te conozco". Y poco a poco va entornando...

¡Clic!

... que yo conocía y tiene piercings en lugares de la cara que parecen escogidos al azar. Sus dos amigas están sentadas en el asiento de enfrente y no paran de reír. El vagón de metro se tambalea y eso les divierte. Yo observo en silencio. Y entonces dice: "¿Habéis escuchado lo del hombre que ha decapitado a su hija de 18 meses con un cuchillo de cocina?". Se ríe otra vez. "Dice que lo hizo porque el diablo se lo había pedido". Parece que esté explicando el mejor de los chistes. Entonces, se señala el pecho y tres viajeros no apartan la vista de sus tetas. "Era de Girona... como yo". Y se ríe con el orgullo de...

¡Clic!

... le caen dos ríos de lágrimas como a un dibujo animado. El viento las arrastra y desordena su flequillo. Con la torre Agbar de fondo, parece una escena de película. En un segundo me siento tentado a detenerla y preguntarle: ¿qué te pasa? Pero llego tarde a la universidad y hace frío y camino en dirección contraria. Nos cruzamos y en seguida queda atrás. Cuatro pasos por delante, se acerca un chico que me resulta familiar. Es el tipo que hace de Homo APM en...

¡Clic!

... que no soporto el ruido y no me salen las palabras. Tengo que entregar mañana el artículo de Historia del Periodismo y mis padres tienen a todo volumen Sálvame. Es en esos momentos...

¡Clic!

... desesperante. Requiere un gran nivel de concentración y empiezo a dudar de que consiga al fin dormirme. No puedo relajarme si tengo que visualizar el animal saltando y saliendo por un lado y otro entrando y saltando otra vez. Así que imagino un pincel que dibuja en el aire los números. Empiezo a contar desde cien hacia atrás. Noventa y nueve. Noventa y ocho. Noventa y siete. No puedo dormir. Noventa y seis. Noventa y cinco. Cuando llego a cero, vuelvo a empezar. Esta vez desde doscientos. Ciento noventa y nueve. Ciento noventa y ocho...

¡Clic!

... ciclista que se cruza en una curva con una mujer que le grita: "¡Cerdo!". El hombre indignado responde: "¡Puta!" y se lamenta de la mala educación de la gente. Al girar la curva, se encuentra un cerdo enorme y ya no tiene tiempo de frenar. Tropieza con él y se cae por el barranco y muere...

Shutdown.

24/10/2011

GRITOS DEL MÁS ALLÁ

Cuando Strómboli Teatre me ofrecieron escribirles una obra, me sentí muy halagado. Después, Sergi Gómez, el director, me explicó el proyecto y me cagué un poco.

-Queremos hacer un espectáculo tomando la estructura de los libros de Elige Tu Propia Aventura. Partiendo de una historia, desarrollar cuatro líneas argumentales y dieciséis finales.

Yo miraba el esquema y pensaba: "se han vuelto locos". Por otro lado, el encargo era un bombón y acepté el reto. Me dieron total libertad y, además, tenía que escribir los personajes a medida, lo que es siempre de agradecer. Teníamos claro que era una comedia pero, pensando en los libros en los que nos basábamos, decidí que tomara forma de cuento de terror, con todas sus consecuencias.

Así nació GRITOS DEL MÁS ALLÁ, obra que lleva ya varias semanas en cartel, cosechando un gran éxito y de la que me siento muy orgulloso. Los actores están en estado de gracia, la dirección es impecable, la presentadora divertidísima... Humor, terror, intriga, secretos... Y todo eso en un formáto en el que tú decides el desarrollo de la historia. No os lo perdáis, de verdad que vale la pena.

TEATRE LLANTIOL
(C/Riereta, 7)

Todos los MIÉRCOLES a las 20:30h

17/10/2011

MI PUERTA

I.

Mi puerta sigue abierta aunque tu miedo
no se atreva a pasar sin pantalones.
La llave es tu sonrisa entre mis dedos
relegada al cajón de los botones.

¿Cuándo vas a volver a mi regazo?
Si no me perteneces, nada es mío.
Puedo ofrecer a cambio los pedazos
de un corazón al borde del hastío.

Vivir sin ti es un ángel en un pozo,
una copa de vino para cuatro,
un espejo partido en varios trozos,

un jilguero difunto en la oficina,
un mendigo en la puerta de un teatro,
un actor sepultado en la rutina.

II.

Mi puerta sigue abierta todavía
aunque ya no te acuerdes de mis manos
y borren de tus ojos la alegría
las fugaces tormentas del verano.

No pido que te rías en plan tonto,
sólo digo que entres cuando quieras.
Si tiene que ocurrir, que ocurra pronto,
si tiene que morirse, que se muera.

Mi vida sin ti es mi peor derrota,
el ladrido de un perro en un desguace,
las rimas del cuaderno de un idiota,

el sordo desconsuelo del fracaso,
un niño que no sabe lo que hace,
un dandi con zapatos de payaso.

10/10/2011

GAMBIA: Capítulo final

El Sheraton es un hotel de cinco estrellas que teníamos justo delante de casa. Son un engorro este tipo de hoteles, acaparan toda la playa y no puedes pasar. Cada vez que bajábamos al mar teníamos que rodear su enorme recinto y dar toda la vuelta. Tardábamos mucho.

Por el camino se nos iban acoplando niños o rastafaris que nos contaban su vida. Al llegar a la playa, paseábamos hasta la zona privada del Sheraton y todos nuestros acompañantes se despedían de nosotros. Había una frontera invisible que se negaban a traspasar. Un negro no puede entrar a según qué sitios a no ser que esté trabajando.


Un día nos cansamos de dar la vuelta y decidimos colarnos en el hotel. Nos pusimos nuestras mejores ropas de piscineros: gafas de sol baratas, sandalias y sombreros. Y con la cabeza bien alta cruzamos la caseta del vigilante y pasamos bordeando la barrera. El tipo se nos queda mirando.

-Good morning.
-Good morning.

Era evidente que nadie entraba a ese hotel caminando. No tenía puerta de entrada. Solo carretera. Quién se paga un hotel de cinco estrellas sale con chofer y más en un país como éste. Los sacan en coche y los llevan directamente a los lugares más turísticos y poco más, no sea que se vayan a asustar.

Pero tenemos la suerte de ser blancos. Un empleado negro por mucho que vea claramente que nos estamos colando no va a decirnos nada por el simple hecho de ser blancos. Y así es como pasamos el hall y hasta empezamos a hacernos fotos. Había tanto lujo que daban ganas de gritar:

-Champagne for everyone! -pero no lo hicimos.

En lugar de eso, Ainhoa gritó: "¡Por el ascensor! ¡Bajamos por el ascensor!". Los recepcionistas no dijeron nada y bajamos a la piscina.

Nos sentamos en el bar y el camarero nos preguntó por la pulsera. Le dije que queríamos pagar en efectivo.

-Ok. No problem.

Gambia no problem. Así fue como nos tomamos las primeras cervezas frías de todo el viaje.
El último día, volvimos al Sheraton. Se había vuelto una especie de adicción. Un capricho irrenunciable. Nos acompañaban Omar, Israel y Kalipha que habían madrugado esa mañana para traernos mango. Al llegar a la puerta del resort empezaron a despedirse de nosotros.

"Un empleado negro nunca le va a decir nada a un turista blanco. Nos hemos colado varias veces. ¿Qué pasa si invitamos a unos niños negros a entrar con nosotros?", nos preguntamos.

Y sin pensarlo ni un segundo, les cogimos de la mano, uno cada uno y pasamos al recinto. Los niños alucinaban, nunca habían visto nada semejante. Los trabajadores del hotel les silbaban y bromeaban con ellos.

-¡Qué suerte habéis tenido! -les decían.

Y vieron el hotel, la piscina, nos bañamos en la playa. No podía vérseles más felices. Pasamos un par de horas jugando y charlando.

El remate fue al marcharnos cuando a alguien se le ocurrió preguntar:

-¿Alguna vez habéis subido en un ascensor?

¿Recordáis la primera vez que subisteis en un ascensor? Yo no. Ningún europeo puede acordarse de algo así. Es una experiencia banal, cotidiana, sin ninguna emoción. Pero para esos niños fue el colofón de una gran aventura. Sus caras en el ascensor de cristal eran como de montarse en la montaña rusa. Y les divirtió tanto que subimos y bajamos todo el hotel dos o tres veces contemplando el mar desde la ventana. Siempre recodaré ese momento.

Pasadas las semanas, todo el viaje parece un largo sueño. A veces me pregunto si realmente estuve ahí y viví todo eso. Por suerte están las fotos y los vídeos. Y mis amigas diciendo que cuando leen lo que escribo sienten que están en Gambia otra vez y lo reviven.

Son viajes que cambian las cosas. Para mí ya nunca será lo mismo llegar a un aeropuerto, ni ir al mercado, coger un taxi, ni subirme a un ascensor. Y eso es lo mejor de todo. No puedo hacer otra cosa que sentirme agradecido.

Gambia is different and it made me different too.