16 de enero de 2011

SOL DE INVIERNO

"Buscaba una canción y me perdí en un montón de palabras gastadas. No hago otra cosa que pensar en ti y no se me ocurre nada" (No hago otra cosa que pensar en ti, Joan Manuel Serrat)


Me levanto temprano porque me aburren las sábanas y salgo al balcón a tomarme un gran café con leche. Para ser un domingo de invierno, se está bien. Hace sol y la luz brilla entre las antenas y la ropa tendida de los vecinos de mi barrio. Me acuerdo cuando mi amiga francesa vino a pasar unos días a Barcelona y al asomarse por la ventana me dijo:
Tu barrio parece Israel.
No sé lo que quiso decir con eso.
Le doy vueltas a la cucharilla del café en lo que supone el momento más relajante de toda la semana. Así es como meditamos en Europa. Echo de menos alguien con quien charlar e inmediatamente pienso en él y en nuestro primer beso, en este balcón.
Anoche tampoco salí. Hace unos años salía todos los viernes y sábados y, como no tenía suficiente, me iba a tomar cervezas los domingos por la tarde. Eran tiempos caóticos. No los extraño, pero por lo menos entonces tenía la sensación de estar vivo, aunque fuera a través de los excesos y una falsa identidad. Ahora parece que no ocurre nada y que lo mejor está todavía por llegar. Que el presente no cuenta. Y tengo miedo de que la espera no valga la pena o sea otra de esas mentiras que tratan de consolarnos.
A veces intento rebelarme y grito dentro de mi cabeza que me iré a Buenos Aires a seguir estudiando teatro o a Reino Unido y seré profesor de español. Pero una parte de mi culo sentado me dice:
Estás intentando escapar otra vez.
Y yo protesto:
Cállate, culo. ¿Tú que sabrás de la vida?
Aunque finalmente no hago nada. Sólo remuevo el café con el sol iluminando mis dedos.
Me pregunto si vuelvo a estar enamorado. No es algo de debiera preguntarme. "Si no lo sabes es que no lo estás", dicen por ahí. Pero yo ya no me fío ni de la gente ni de las películas. Me han engañado. Me hicieron creer que el amor imposible es el más bello y auténtico y era sólo sufrimiento. No te lleva a ningún lado.
Estoy harto de vivir en las letras de las canciones. Harto del ideal romántico que nos envenena. Harto de que el amor sea como el sol de invierno: que brilla pero no calienta.
Me termino el café y vuelvo para dentro. Me despido del sol y me siento en el sofá. Es hora de poner la estufa.