30 de mayo de 2010

EL BUEN VECINO 2

Estaba enfadada porque su hija se había marchado esa semana de casa harta de sus borracheras, así que descargó toda su rabia y frustración golpeando a su madre de ochenta y cinco años. Mientras esperábamos a los mossos sentados en el salón de mi casa, la abuelita de pelo blanco con su moño y sus llaves, mirándose los moratones me decía:
Cuando no bebe es una persona excelente... Pero hoy estaba yo viendo la tele sin molestar a nadie cuando ha salido del cuarto... ¡el león! Y yo no sé ni cómo me he escapado. ¡Ya está bien! Que no la dejan a una ni ver la tele tranquila...
En ese momento, me llamaron los mossos diciéndome que estaban en camino y volviéndome a preguntar lo que había pasado. Me dijeron que me envíaban una ambulancia aunque no parecía que hiciera falta, y me pasaron con un médico que me preguntó sobre el estado de la yaya. Y mientras le explicaba cómo eran los morados, miré alrededor y me di cuenta que estaba la casa hecha un desastre.
Entonces, ¿se oyen los gritos cuando discutimos? se interesaba la señora.
Oírse es poco, la verdad.
Y eso fue lo vergonzoso. Porque ante tal escándalo, nadie salió. Nadie abrió la puerta. Nadie se asomó a la ventana. Era jueves a las nueve de la noche. Todos los vecinos estaban en sus casas y ante los gritos de auxilio, cerraron con llave; subieron el volumen de la tele. O peor, se pusieron a espiar a través de la mirilla; acercaron su oreja a la puerta. Y lo más grave de todo: fui el único que llamó a la policía. Entonces, me acordé de cuando asesinan a una mujer y salen los vecinos en televisión lamentando lo sucedido.
Los mossos no tardaron mucho, pero me dio tiempo a llamar a mi madre, que trabaja para el dueño del edificio que vive en el primero, para explicárselo.
Mamá, tengo en el salón a la mujer del quinto que le han pegado una paliza. Están a punto de llegar los mossos y la ambulancia.
¡Ay, Dios! Ya te dije que teníais que haber ordenado la casa.
Estoy solo, mamá.
Voy a llamar al señor José para que se haga cargo de la situación.
Llegaron los mossos: dos chicos jóvenes con dos enfermeros. Nos interrogaron a los dos, sobretodo a ella y le curaron las heridas. Seis personas en mi salón tropezándose con los cables del ordenador y tratando de convencerla para que denunciara. Si no denunciaba, al parecer, los mossos no podían hacer nada. Y yo ya me veía quedándome a la abuela en casa.
Mire, si no denuncia nos vamos y usted se vuelve con su hija.
¡Ah, no! ¡Eso no!
Pues denuncie y nos la llevamos detenida. Así al menos esta noche puede usted dormir tranquila.
¡Vale! Pues denuncio... ¡y que se joda!
Así, sin perder ni un segundo, los dos agentes subieron al piso con las llaves que la víctima fue tan amable de prestarles.
Y, por favor, hagan el favor de bajarme las gafas que las he dejado en la mesa del comedor. Y mi bolso que está en la habitación con mi monedero y todas mis cosas. Ahí debo tener mi DNI y la tarjeta de la seguridad social. ¡Ah! Y una chaquetilla que tengo en el perchero. Y no se olviden de bajarme un paraguas, por si llueve... que últimamente está el tiempo muy raro.
Y los mossos subían y bajaban con las cosas de la yaya, mientras ella se iba preparando como si se fuera de paseo. Y mientras el enfermero me preguntaba si el disco externo lo utilizaba para almacenar películas de Internet y verlas en el plasma.
Yo también tengo uno. ¿Tú de qué página las bajas?
Finalmente, tras todo el jaleo, se la llevaron en ambulancia al hospital para hacer un parte de lesiones y luego a comisaría a hacer efectiva la denuncia. Y yo me quedé solo de nuevo, hundido en el sofá, agotado como si hubiera corrido una maratón, escuchando los gritos de la alcohólica resistiéndose a que se la llevaran detenida:
¡Que se muera el vecino! ¡Que se muera el vecino!- gritaba.
Y volví a llamar a mi madre para decirle que todo se había arreglado. Entonces se quedó más tranquila.
¿Y qué te ha dicho el señor José, mamá?
Que no quería problemas y que todo eso no era asunto suyo.

4 comentarios:

Miriam dijo...

Increible.

Un beso.

carles dijo...

La historia ya la comentamos largamente en directo... o sea que no voy a felicitarte de nuevo. Ya sabes que hiciste lo que debías.

Lo que gusta más de tu post es ese momento en que el enfermero te pregunta por la página de la que bajas las películas. Es buenísimo. ¿La pregunta te la hizo ante los mossos? Jajaja... Un poco más, y se te llevan a ti... ¡¡Te imaginas si te hubieran encerrado en la misma celda de la borracha!!

(Uy, creo que veo demasiadas películas de cárceles... Jeje.)

Ah... bueno. La conversación de tu madre por teléfono ya te dije que también me parecía impresionante. La tienes que incluir en alguna obra... "Diálogos con mi madre", o algo así.

Anónimo dijo...

Felicidades, con gente como tú se construye un barrio mejor, un país mejor y por ende un mundo mejor para todos. Los borrachos agresivos a la cárcel y los listos, los cobardes y los egoistas, a la mierda. En tiempos de mediocridad alarmante, hacer lo que se debe es un acto heroico.
Vales mucho, nen. Un abrazo!

Iván F. Mula dijo...

Gracias chicos. Un abrazo.