12 de mayo de 2010

¿CARA O CRUZ?

¿CARA?

Me quiero cortar el pelo pero no me apetece nada entrar a una peluquería a esperar una hora sentado viendo en la Cuore ampliaciones de la celulitis de los muslos de Madonna. La máquina con la que solía raparme está rota. La pinza está medio partida y se me clava en la cabeza. Mi madre me compró otra mejor, pero resulta que por alguna inexplicable ley de la tecnología moderna, corta peor que la vieja. La última vez prácticamente tuve que raparme al cero para disimular los desperfectos.
Ve a los chinos. Ahí te cogen en seguida- me aconseja mi sabia madre.
Y efectivamente, nada más entrar, como en uno de sus restaurantes que siempre hay mesas, me sientan a lavarme el pelo.
¿Lava pelo? ¿Colta pelo?
Sí.
¿Colto colto?
Muy corto.
Colto.
¡Muy corto!
Muy colto, sí, sí. Lava pelo. Colto pelo, muy colto pelo.
Me recuerda cuando me cortaba el pelo en Glasgow pero al revés. Siempre coincidía con algún partido de Barça-Glasgow Rangers o Barça-Celtics y el barbero me preguntaba si lo había visto y si Barça era una ciudad bonita.
El chino (me disculparán que no recuerde su nombre) me acaricia la cabeza delicadamente, hasta iniciar un agradable masaje por el cuello y los hombros. Es muy relajante pero mis prejuicios europeos no me permiten disfrutarlo plenamente y tengo miedo de que de pronto me ofrezcan pasar a un reservado a elegir una chica del catálogo. Pero nada de eso sucede y salgo totalmente relajado y con el pelo perfectamente corto y pienso que tenemos mucho que aprender del carácter oriental.
Desde que vuelvo a ser soltero (aunque cuesta más serlo que decirlo) he estado tratando de encontrarle la dignidad a esto de ser uno solo. Cualquiera diría... si me he pasado solo casi toda mi vida... Pero ahora es lo que toca.
Luego, más adelante, ya me acostumbraré a la nueva situación y dejaré de hacer tonterías como ir a correr por las tardes. Algo hay que hacer para sentirse mejor. He empezado a cambiar los hábitos. He llenado la nevera de frutas y verduras. Ya no como donuts, pizza ni chocolate. Me he comprado algo de ropa y he ordenado mi habitación. Dentro de poco voy a sentirme fuerte como para comerme el mundo. Lo noto. Voy a estar en plena forma y me van a mirar en el metro con deseo. Ya no hay quien me pare. Me sentiré mejor que nunca y esta nueva etapa va a ser la mejor de mi vida.

¿CRUZ?

Me duele el cuello. Todas las cervicales y los hombros. Maldito chino. Uno no puede ponerse a hacer masajes sin tener ni idea por muy rasgados que sean tus ojos. No todos los españoles sabemos cocinar una paella, ni todos los chinos saben hacer masajes. Mucho rollo "colto pelo, lava pelo", pero a mí nadie me preguntó nada de "masaje, masaje". Aunque el pelo me lo cortó muy bien, rápido y barato... pero, ¡qué dolor de cuello! ¿O será de sentarme mal en el trabajo?
Desde que estoy soltero me siento cada vez más hundido en mi silla frente al ordenador. La desidia me hace deslizarme en mi asiento color azul corporativo. El culo y las piernas ganan terreno bajo el escritorio. El ratón cada vez me parece estar más lejos. Mi nariz casi toca con la mesa y se me aplastan las cervicales. ¿Será por eso el dolor del cuello?
Me muero de hambre. Daría lo que fuera por un paquete de donuts de chocolate. Me siento como Bridget Jones. Estoy hasta los huevos de las putas ensaladas y las putas manzanas con zumo del desayuno. Quiero un bocata de chistorra con queso fundido. Un plato de pinchos. Un donner kebab con salsa. Un menú doble Big Mac. No sé si todo esto tiene mucho sentido.
Desde que voy a correr me duele el pie izquierdo. Voy a correr con mi hermana y llegamos hasta la plaza Francesc Macià y volvemos; dos o tres días por semana. Pero al día siguiente llego al trabajo cojeando y me dicen:
Iván, la vida sana te está matando.
Y lo peor es que los zapatos nuevos que me compré me han hecho una herida en el otro pie y también he empezado a cojear por el lado derecho. Me preguntan: "Oye, ¿cómo llevas lo de la ruptura?". Y yo respondo: "¡Pues de puta madre!", y me alejo balanceándome como si fuera el personaje del Gilipollas que salía en Buenafuente. Y así la gente me mira en el metro, pero no precisamente con deseo...
Pero lo peor de todo fue la semana pasada. ¿Se acuerdan de mis piedras de riñón? Pues tuve un cólico renal que me tuve que ir de la oficina a casa a media mañana. Por el camino casi me desmayo de dolor. Llegué blanco. Llamé a mi madre. Me pusé a buscar las pastillas, pero me costó dar con ellas porque desde que tengo la habitación ordenada no consigo encontrar nada. Me tomé un par y me tiré en el sofá con una manta eléctrica en el costado.
Pero el dolor en vez de disminuir fue en aumento, así que tuve que ir a urgencias. En la sala de espera, me tiré retorcido en mí mismo encima de un banco. Gemía sin parar, lloraba. Era como un parto. No podía caminar erguido. Fue el cólico más fuerte que he tenido y el peor dolor que recuerdo.
Al final, me pusieron dos inyecciones, una en cada nalga, y me dejaron tirado en una camilla hasta que a la media hora se me pasó el dolor y me dieron la baja. Al día siguiente, ya no me dolían los riñones pero sí me dolía el culo.
El urólogo me dijo: "Cuanto más andes, antes bajarán las piedras". Así que el maldito cólico es en gran parte causado por haber ido a correr estos días. Claro que al fin y al cabo, a pesar del dolor, que las piedras bajen es positivo (con todas las connotaciones psicológicas que queramos otorgarle). Aunque por otro lado, todavía no las he meado, después de tanto sufrimiento. "Si no es para salir, mejor que no bajen", pienso. Ahora mismo la que el otro día me puteó tanto está en algún lugar entre la vegiga y la punta de mi uretra. Así que no sé si el sufrimiento está sirviendo de mucho y si correr es sano o no y si al final me sentiré mejor o peor o viceversa.
Como en todas las cosas, hay dos caras distintas de la misma realidad. Mi vida avanza como una moneda girando en el aire, lanzada para ver si el azar define lo que yo soy incapaz de juzgar. Y veo pasar la cara y la cruz sin descanso y no sé cual es la que precede y cual es la que sigue. Es como una cadena infinita en la que ambos lados se confunden.
Siento que la moneda está en el aire y necesito que caiga para ver si sale cara o cruz de una vez. Y a partir de ahí, tomar decisiones, construir, crecer, definirme o volver a empezar. Lo peor de todo es que eso no sé cuanto puede llegar a tardar. Mientras tanto, se aceptan apuestas. ¿Cara o cruz?

4 comentarios:

SUPER FELÍ dijo...

cara !!

date tiempo, mantente ocupado

duele pero ...

Anónimo dijo...

Que bien escribes cabronazo...

Anónimo dijo...

jooooooooooooooooooooooder!! Cara!!!!! sin pensarlo!!!!! repito.. que hoy tengo mi "último examen de la carrera"... y estoy leyendo aquí.. tus piedras en el riñón!! en qué momento me metí a leerte...xD pero es que está genial!!! guardaré el blog en favoritos y leeré tus movidas en otro momento. Qué viciooo!! Qué viciooo!!!

Noe. dijo...

Tú eliges, Iván, y lo sabes. No cal que lo dejes al azar. Sé valiente como tú sabes, y elige lo que te atrevas...